Sevilla, concretamente la sala X, fue la casa que acogió la presentación del disco debut de Cervatana, el grupo paralelo de varios integrantes de Derby Motoreta’s Burrito Kachimba.
La exposición que han tenido en redes sociales y en los medios convencionales (tocaron en La Revuelta) ha sido sin duda el detonante que levantó toda la expectación para este evento. No es raro pero tampoco lo más habitual ver un sold out absoluto en esta sala, ya que a menudo acoge artistas más underground o emergentes. En este caso no sólo la sala estaba a rebosar, sino que incluso pudimos ver a varias personas suplicando por una entrada de última hora a toda costa sin ningún éxito.
El ambiente de la noche ya se venía calentando en los bares de alrededor y ya dentro de la sala se terminó de caldear con un DJ set de manos de Nicromo. Creando una atmósfera electrónica envolvente que poco a poco nos puso a punto para lo que se nos venía.
«¿Vienes de sorpresa sin escuchar nada? Pues casi mejor, te va a encantar. Es un disco conceptual, es una pasada» hablaba una chica con sus amigos a mi lado entre el público describiendo a la perfección lo que se venía. Había de todo, pero abundaba la gente que ya se sabía muy bien el disco y cantaba con fuerza las letras.

Por fin se hizo el silencio y de la oscuridad aparecieron los Cervatana en un solemne rito cósmico. Acompañados de unos fantásticos juegos de luces, fueron sucediendo poco a poco cada una de las canciones del disco en riguroso orden y sin pausas, con transiciones muy suaves entre una y otra. En un show que duró exactamente lo mismo que el álbum, 40 minutos.
Explicar qué hace Cervatana no es fácil, pero a la mente me vienen términos como conceptual, performance, Andalucía, psicodelia, danza contemporánea, tecno o breakbeat. Más que un concierto, lo que vivimos el pasado viernes fue una experiencia performática, con la guinda del pastel puesta por una Elena Gog performando danza contemporánea en el centro del escenario.

Lógicamente esta propuesta recuerda a los Derby Motoreta’s Burrito Kachimba empezando por la inconfundible voz de Miguel (Dandy Piranha) y su forma de cantar tan personal. Además, mantienen ese aire andaluz quinqui que tanto nos gusta, pero en esta ocasión la fusión más que al rock, se va a la electrónica, el techno o el bigbeat. Como en el equilibrio está la virtud, en este viaje sonoro también hay cabida para la calma, con canciones en las que a la voz de Miguel le acompañan simplemente unos ritmos suaves sintéticos, sin mucho revestimiento. Un momento de intimidad con autotune y emoción a flor de piel.
En mitad de este momento tan enigmático me llama la atención un cambio de instrumentos. Miguel, que además de cantar toca el bajo, suelta el instrumento y lo agarra Frank quien suelta su guitarra para ello. También es destacable la elección de batería de Santi Marín con pad y platos curvos. Y por supuesto, ya que hablamos de los instrumentos, no puedo dejar de mencionar a José Ugía que lo dio todo con sus sintes.

En los 40 minutos de show también hubo tiempo y espacio para un pogo propiciado por Elena Gog que revolucionó aún más el ambiente bajándose a la pista para buscar a su hermana que la acompañó en el escenario con su danza. Fue en definitiva un concepto diferente, que nos obliga a regresar en el tiempo buscando la capacidad de concentración que teníamos antes. Esa que nos permitía escuchar un disco al completo de principio a fin ya que, de otra manera no puede ser entendido. La puerta a un mundo distópico-futurista comprendido en un álbum conceptual que nos lleva por un viaje sonoro increíble y abre las puertas a nuevas propuestas.
Fotos Cervatana: Rocío Cabello














