Cinco momentos del Festival Ebrovisión 2022 

El ya clásico festival Ebrovisión pudo, al fin, celebrar su vigésimo aniversario de esa manera despreocupada y festiva que tan destacada onomástica demandaba. Con más ganas, si cabe, tras el forzoso parón motivado por la pandemia y las no menos obligadas restricciones del pasado año. Para tal ocasión, la organización decidió mantener el cartel en riguroso secreto, estrategia arriesgada que en la práctica se tradujo en éxito y abonos agotados varias semanas antes de la celebración del evento en Miranda de Ebro.   

El público respondió así positivamente ante el atractivo añadido de no saber con qué artistas se encontraría en la localidad castellana, hasta el mismo momento en el que cada banda en cuestión tomase el escenario. Un acto de confianza en el que, sin duda, también tuvo mucho que ver esa esencia tan valiosa que los organizadores han sabido mantener, y que se concreta en un festival cómodo, bien organizado, agradable y donde el buen ambiente volvió a ser la tónica habitual (¿de verdad es necesario contar con un ejército de mazados malhumorados pululando por el recinto?). 

En la práctica las sorpresas resultaron algo menos acentuadas de lo esperado, con la nómina copada por artistas nacionales bastante afines al perfil del sarao en cuestión. Un sinfín de nombres que abarcaron desde la elegancia de Morgan al garage de Los Bengala, pasando por la versión acústica de Lori Meyers, la pachanga de Ladilla Rusa, o los siempre evocadores Rufus T. Firefly. Sin embargo, fueron las formaciones animosas las que encontraron mejor respuesta entre una audiencia que apuraba al máximo aquel concepto de festividad que supuraba desde cualquier rincón de la localidad.  

Seleccionamos, de entre toda esa generosa oferta y bajo un criterio del todo subjetivo, los que bien podrían ser cinco momentos destacados acontecidos el pasado fin de semana durante el Ebrovisión burgalés. Una cita que el año que viene pasará a celebrarse al amparo de un nuevo recinto, esperemos que respetando ese leitmotiv original que da prioridad a la comodidad de los asistentes por encima de cualquier otro tipo de interés. Una decisión de la que sus organizadores siempre han presumido con orgullo, y que sin duda ha sido motivador de un éxito que dura ya más de dos décadas.  

Triángulo de Amor Bizarro 

Los gallegos llevan toda su carrera ejerciendo como seguro de contundencia y buen hacer sobre el escenario, y aunque sus preferencias post-punk sean específicamente ásperas y viscerales, su ubicación estrenando el escenario principal el viernes funcionó como elemento de choque. De hecho, el cuarteto no entiende de entornos y va siempre a lo suyo, sin concesiones y demostrando una personalidad tan incontestable como los son sus propias canciones.

Gracias a clásicos de su repertorio como “De la monarquía a la criptocracia” y “El fantasma de la transición” y a la vigencia del que hasta la fecha sigue siendo su último, homónimo y espléndido álbum de 2020 (con temas como “Vigilantes del espejo”, “Fukushima” o “Ruptura”), la presencia de Triángulo de Amor Bizarro quedó traducida en el concierto con más nervio y mala baba de todo el festival. Algo que, por qué no decirlo, también resultó muy de agradecer entre clara mayoría de pop para cantar a voz en grito.  

GAF y la Estrella de la Muerte  

Además de un nutrido número de DJ’s animando el cotarro, por el escenario pequeño levantando junto al Pabellón Multifuncional Bayas pasaron grupos tan interesantes como Camellos, Parrots o los mismísimos hermanos Ferreiro. También los canarios GAF y la estrella de la muerte, en la que pudo ser una de las propuestas más valientes y arriesgadas (por alejada considerablemente del perfil dominante del asunto) de todo el festival.

El sexteto desarrolló con meritoria precisión su valiosa mezcla de post-rock, psicodelia, krautrock y shoegaze, creando una serie de atmósferas envolventes y con frecuencia hipnóticas. Una notable actuación por parte de un grupo al que no es fácil ver en la península y durante la que, con frecuencia, también apareció la alargada sombra de The Velvet Underground. Fuera como fuese, la presencia del combo fue una rara avis dentro del Ebrovisión 2022, concretamente una muy agradecida.   

La Habitación Roja 

Una de las apuestas más frecuentes en las quinielas era la que apuntaba a la presencia de la banda valenciana, una de esas formaciones supervivientes de la explosión indie de los noventa con la que de algún modo empezó todo. De hecho, La Habitación Roja pertenecen a esa liga de veteranos que ha conseguido la aceptación por parte de una nueva generación de público, hasta contar en sus filas con seguidores de diferentes estratos demográficos. No es de extrañar, por tanto, que su despliegue de indie-pop melancólico y emocionante al que siempre han sido fieles fuese muy aplaudida, mientras Jorge Martí y compañía repartían repertorio entre clásicos (más o menos cercanos en el tiempo) del tipo de “Un día perfecto”, “Voy a hacerte recordar” o “Indestructibles”.

Su concierto contó además (y eso sí que fue una sorpresa en toda regla) con la presencia del carismático y siempre desinhibido Deu Txakartegi de los desaparecidos We Are Standard –aka WAS–, junto al que ejecutaron un tema de los vizcaínos y, de paso, nos recordaron cuantísimo se les echa de menos.  

Ángel Stanich 

Ángel Stanich se encuentra viviendo su mejor momento creativo en su versión de estudio, pero sobre todo defendiendo repertorio en directo junto a esa excelente banda de cuatro músicos adicionales de la que se hace acompañar. Quién sabe si quizá también en lo personal, viendo esa renacida alegría que muestra cada vez que entra en contacto con un escenario, en esta ocasión en horario de máxima audiencia del sábado. Suyo fue seguramente el concierto más destacado del festival (o como mínimo uno de ellos) tras motivar una equilibrada mezcla entre hedonismo (y puro disfrute) y una calidad compositiva y ejecutiva difícilmente cuestionable.

La suya fue una actuación sin fisuras ni bajones de intensidad, en el que el cántabro se descubrió ininterrumpidamente enchufado mientras caían himnos como “Nazario”, “Escupe fuego” o “Mátame camión”. Un festejo que incluyó la aparición del Arizona Baby Javier Vielba y finalizó al ritmo del “Centro di gravità permanente” de Battiato, ejerciendo como sintonía mientras la troupe abandonaba el escenario. Lo que viene siendo cuidar el asunto hasta el último momento. 

Sidonie  

La mayor sorpresa de todo el festival hubiera sido que Sidonie dejasen pasar de largo una fiesta de ese calibre. Los barceloneses eran, obviamente, el nombre fijo en todas las apuestas, y llegaron a Miranda (tras su paso el día anterior por el Vive Latino zaragozano) para actuar en uno de sus festivales favoritos. Marc Ros, Jess Senra y Axel Pi (junto a sus músicos de apoyo en el escenario y las colaboraciones estelares de Stanich y Jorge Martí) no decepcionaron, con su siempre canallesca presencia y tirando de un fondo de catálogo que cada vez tiene más en donde elegir. Suyas fueron las canciones más coreadas de todo el evento (“Fascinado”, “El incendio”, “Un día de mierda”, “El bosque”, “Carreteras infinitas” o la final “Estáis ahí”), manejadas por el grupo a su antojo en uno de esos conciertos que se sabía triunfo de antemano.

Si bien cada vez se echa más de menos sus orígenes –aquellos psicodélicos y directamente gamberros–, no es menos cierto que a Sidonie siempre se les ha querido y siempre se les querrá, como a ese viejo amigo con el que da alegría reencontrarse cualquier día de la semana.  

Fotos Ebrovisión: @odvphoto , @katxobitxo, @music_snapper_com y Raúl Julián

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