Hay discos que no se escuchan, se descifran, se sienten, se respiran. Trabajos que operan más como un ensayo antropológico de texturas que como una mera colección de canciones para el consumo inmediato. En esa exigente liga se sitúa Disciplinantes, la colaboración discográfica entre DJ Toner (Antonio Herrera, músico cordobés afincado en Granada del que ya te hemos hablado en otras ocasiones), el multiinstrumentista Dani Molina y el trompetista parisino Raynald Colom. Una alianza que, lejos de la fusión autocomplaciente, se postula como un fascinante puente temporal: un viaje de ida y vuelta entre el París impresionista de principios del siglo XX y la penumbra electrónica del siglo XXI.
El punto de partida del disco, de hecho, ya tiene su mística: Toner y Molina pasaron dos años buceando en aquellos encuentros bohemios donde creadores esenciales —mencionemos a Satie, Debussy, Fauré, Albéniz, Granados, Falla, y a creadoras capitales a reivindicar como Nadia Boulanger o Rosa García Ascot— dinamitaron los cimientos de la música clásica decimonónica. Aquellos rupturistas abrieron las compuertas por las que más tarde entraría el jazz y las vanguardias contemporáneas. Disciplinantes no busca homenajearlos desde un academicismo estricto y rancio, sino reencontrarse con el corazón de toda aquella búsqueda de nuevas raíces que caracterizó la obra de aquellas grandes mentes a través de la mezcla y desinhibición estilística.
Incluso, para poder dotar al artefacto de una verdad histórica y vertiente poética, el trío ha grabado las composiciones utilizandoel piano original que perteneció al mismísimo Manuel de Falla, cedido para la ocasión por su Fundación. El resultado es sobrecogedor. No hay aquí rastro de frialdad digital; el piano de Falla resuena preñado de madera, de polvo histórico y de una calidez analógica que contrasta vivamente con las bases y la arquitectura electrónica, servidas por alguien tan versado en dichas lides como es Toner, que arman el esqueleto del álbum.
Sobre este colchón de memoria e innovación servido por los otros dos implicados, se desliza la trompeta de Raynald Colom. El parisino, cuya elegancia está sobradamente testada a través de sus colaboraciones con monstruos de la talla de Paco de Lucía, Chano Domínguez o Carles Benavent, actúa aquí como una especie de catalizador lírico. En cortes como el primer adelanto, «Sfogava», su fraseo es pura poesía: notas que se estiran y se diluyen en la mezcla, evocando la melancolía urbana del cool jazz pero atravesada por hipnótico patrón de Lo-Fi jazz y hip hop que aporta Toner a los platos y secuenciadores. Y es que hay algo profundamente circular en MCM: la repetición del beat actual dialoga de tú a tú con las armonías suspendidas que Erik Satie o Claude Debussy patentaron hace más de un siglo.
El minutaje avanza articulado como un relato por capítulos. La producción, minuciosa y obsesionada con el matiz, logra que la electrónica no actúe como un mero adorno moderno, sino como el disolvente que unifica épocas. Es un ejercicio de reformulación estética impecable, avalado, además, institucionalmente por la Universidad de Granada y el Centro de Documentación Musical de Andalucía, pero que esquiva el aroma a museo gracias a su visceralidad nocturna y su vocación visual.
Y, aunque no debería hacer falta decirlo, Disciplinantes MCM no es un disco de digestión rápida que pueda disfrutarse a través de logaritmos caprichosos; exige del oyente el mismo mimo y compromiso con el que ha sido concebido. Pero el premio es grande: la unión de estos tres increíbles músicos ha dado como resultado un tratado de resistencia cultural ante la deshumanización tan serio y riguroso como magnético. Han demostrado que la vanguardia de 1900 y el pulso urbano de 2026 comparten, en el fondo, la misma urgencia. Una de las anomalías más bellas, sesudas y necesarias de la temporada.















