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Entrevista: Cineplexx

«De niño me fumé miles de horas de telenovelas, que obraron un daño irreparable»

¡Ah, el amor, qué cosa! A veces desata guerras troyanas y otras esteriliza la acción hasta el extremo de convertir al que lo profesa en un desecho pseudohumano incapaz de quitarse el pijama y darse una ducha. Que se lo digan a Cineplexx, de nombre cristiano (sin ser él nada de eso) Sebastián Litmanovich, quien ya de bebé chupaba culebrones en lugar de tetas y mirad lo grande y hermoso que se ha puesto; nada como unos cuantos corazones rotos para hacer de un niño un hombre. Su último álbum, Espejos, no habla de otra cosa, y no podíamos pasar sin preguntarle qué es lo que le ha hecho el amor últimamente para tenerle tanta tirria. Al final descubrimos que el desprecio es aún mayor hacia los niños prodigio chinos que tocan el piano con 3 años y la gente virtuosa en general. Por lo demás, todo ligereza, buen rollo y romanticismo como eje vital.

Pues leí una suerte de cuestionario que te hacían en una revista hace unos años donde mencionas que I Heart Huckabees es una de tus comedias preferidas. Total, que la veo y al acabarla pienso, “wow, hay que tener un poco de mala leche para recomendar esto a alguien sin conocerlo de nada”. Más tarde, repasé varios de los videoclips de Cineplexx (en su mayoría dirigidos por ti mismo bajo tu estudio de diseño, Tea Time) y, de pronto, todo encajó: a ti es que te la sopla si te entienden o no. Quizás hasta te dé gustillo dejar al personal sin saber a qué atenerse. ¿Te parece lo mismo que no te importe ser comprendido y no querer serlo? Aceptando música como modo de expresión, ¿cómo legitiman su obra los compositores que, a tu estilo, tienden a la inconcreción a la hora de formular o transmitir un mensaje?

Me resulta muy difícil analizar clínicamente mi caso… ¡Jajaja! En todo lo que hago, se refleja un poco el interés que tengo en ese momento, no hay un plan, ni tampoco podría controlar lo que los demás interpretan, con lo cual intento centrarme en mi tarea.

No es que no me importe ser comprendido; de hecho, me siento comprendido en general por la gente que escucha mis discos o escribe algo. Cada tanto, alguien da con la clave, eso sí.

Para mí quizás es más simple; produzco música continuamente, y voy aprendiendo y mejorando poco a poco. Cada tanto saco un disco y el mensaje llega donde tiene que llegar. No especulo más allá.

I Heart Huckabees era una de mis comedias preferidas en ese momento, sin duda, junto con Best In Show, aunque cambio de gustos bastante rápido… Ahora diría que mi comedia preferida es La Danza de Los Vampiros, de Polanski, y una reciente podría ser This Is The End; me apenó que se muriera Gene Wilder, ¡me sé todas sus pelis de memoria, casi!

Y hablando del estudio éste que tienes, lo de ser estrella del rock por las noches y diseñador durante el día, así rollo Batman, no es en absoluto intrascendente; se diría que las canciones de Espejos adolecen de tu propia deformación profesional. Hay algo en cada una de ellas tan perfectamente estético como tremendamente asentimental, dualidad cualitativa que las acerca más al diseño que al arte. ¿Cineplexx es más para exponer en la vitrina de un museo o en el escaparate de una boutique? Conste que ninguno de los dos lugares debería considerarse moralmente superior al otro.

¡Jajaja! ¡No soy estrella de rock ni me siento Batman! No planeo mucho ninguna de mis canciones, normalmente es un proceso orgánico y bastante caprichoso, todo lo contrario a trabajar con un proyecto de diseño o marketing. A veces desearía que fuese tan fácil como diseñar, dar con el misterio de una canción… Hay mucho de prueba y error en el proceso: por ejemplo, nunca sé cuánto tiempo me tomará encontrar la canción o acabar de producirla y mezclarla. Hay canciones que tienen 5 o 10 versiones (cada versión, en mi caso, es una sesión larga de mezcla y arreglos en general), pero hay otras canciones, como “Espejos” (con Linda Mirada) que tienen 30 o más versiones. Por su complejidad, es más laborioso encontrar el balance, a veces, con voces distintas, empastarlas… Es algo complejo y muy orgánico. En este caso concreto, cada uno teníamos un set distinto de ecualización y efecto, y aunque la idea era que sonaran empastadas, depende mucho de la voz de cada uno, y eso sucede con cada elemento.

Mi disco debería estar idealmente en cualquier sitio, independientemente de que el oyente lo disfrute inocentemente, irónicamente, con el corazón o con la mente, esa ya sería la experiencia personal de cada uno.

Llegaste a Barcelona desde tu Buenos Aires natal a principios de la pasada década, y volviste a mudarte a Londres a comienzos de la presente. ¿Qué te ha hecho volver ahora a España? ¿El siguiente paso lógico no hubiera sido Berlín o algo así?

Vine a Madrid cansado del clima nórdico. ¡Amo Madrid! Solía venir a menudo, de todas formas, ya que tengo familia y amigos, y estoy encantado aquí. Al norte, de visita y ya. Brrrr…

Como argentino eres un poco descastado, y no sólo por expatriado, sino por tu marcado desinterés por lo vehemente y dramático unido a una sospechosa predilección por la bossa nova. ¿Qué crees que queda de Argentina en Cineplexx, a parte del acento?

¡Mucho! Desde que me fui de Argentina, empecé a escuchar mucha más música latina en general, y también de mi pasado. Gran parte de mi música viene de allí, del tango, de Spinetta, Cerati, Melero, Virus, Leonardo Favio, Sandro, Tanguito, Soda Stereo, Charly García, Los Twist y tantísimos más. Sí es cierto que no me gusta el fútbol y soy vegetariano, eso me resta puntos argentinos, pero valoro otras cosas que para mí son más importantes.

La bossa nova la amo genuinamente desde mi infancia y siempre me influenció, en Argentina se escuchaba muchísimo, y en mi casa era lo normal escuchar algo de Rita Lee, Roberto Carlos o ABBA. Luego viajé muchas veces a Brasil, principalmente por la música.

Igualmente, en este álbum no hay casi elementos brasileños; es una de las diferencias respecto del álbum Florianopolis.

“Mimosa” tiene mucho de Leonardo Favio y de Leo Dan, que los escuché toda la vida, especialmente de Leonardo, uno de mis más admirados músicos y directores de cine argentinos.

La temática del amor que en su origen dio razón de ser a la canción vende hoy menos que nunca. Sin embargo, aquí estás, Sebastián, con un Espejos que ríete tú de las golondrinas de Bécquer. ¿Qué te han hecho a ti el amor y sus derivados últimamente para que los conviertas en el centro de todo un álbum?

El amor es mi eje, siempre escribí canciones de amor. Este disco es mas específico, cierto, y eso está bien porque me encantan las canciones de amor; las baladas, los cantantes melódicos y ese toque telenovelesco. De niño me fumé miles de horas de telenovelas, que obraron un daño irreparable. No me avergüenza ser romántico a veces, otras no lo soy tanto. El amor presenta ese misterio del que hablaba antes, al igual que la naturaleza para un biólogo. Me gusta el estado de fascinación que provoca, la confusión, lo agridulce que, como una especie de religión (supongo, ya que no soy religioso), requiere de fe para ser experimentado… Me refiero a creer en ello, no tengo fe en las religiones ni en los dioses y, sin embargo, soy muy entusiasta y creo casi ciegamente en los proyectos que hago. Eso podría considerarse una forma de fe, supongo, y quería que el álbum y sus canciones estuvieran impregnadas de todas estas ideas; algunas ridículas, otras muy serias, otras divertidas o inocentes, porque el amor, en definitiva, habla de todas ellas.

Volviendo a lo de haber vivido en Londres bastante tiempo y ser uno de los pocos músicos de habla hispana en la mítica Cherry Records, además de que tus influencias son primordialmente anglosajonas, ¿nunca te planteaste componer más en inglés? ¿Crees que ello afectaría significativamente al impacto y alcance de tu trabajo?

Mis influencias son más bien latinas, como los músicos que antes nombré. También, por descontado, la música anglosajona, pero realmente escucho de todo. Hoy por hoy, admito, más música latina que nada, como cumbia (¡Gilda es la mas grande!), Los Auténticos Decadentes, folclore y cosas así. Pero de la misma manera escucho mucha música disco y funk, casi todo perteneciente a los años que van entre 1978 y 1985. Ahí entra Raffaella Carrà, por ejemplo. Tengo una obsesión con el sonido de esa época, y eso se impregnó en Espejos. Ten en cuenta que mis recursos de producción y mis primeros discos tienen mucho de electrónica, y eso está siempre presente. Sin ir más lejos, muy pocas veces utilicé baterías acústicas en un disco mío… Supongo que soy una mezcla de todas esto.

Mi disco anterior tiene varias canciones en inglés, y en Picnic hice una con Duglas T. Stewart de BMX Bandits y Norman Blake. También saqué (no recuerdo exactamente si en el 2011) un disco de versiones, todas en inglés, que se llama Magenta. La que hice con Duglas me gusta mucho, «Tiger Trap», con Norman en los teclados. Cuando me mandó él las demos (y tan solo habíamos intercambiado un par de emails previamente) me puse a llorar, ¡soy tan fan de Duglas y los BMX Bandits! Fue un súper honor conocerlo y hacer tantas cosas juntos.

Tus referencias son bastante eclécticas y poco evidentes sónicamente en la música que escribes; citas recurrentemente desde la Velvet Underground y los Beach Boys hasta Flaming Lips o Belle & Sebastian pasando por ABBA, Kraftwerk, Chico Buarque y Parliament. ¿Identificas algún denominador común en los artistas que te gustan, por muy dispares que sean genéricamente? Y aunque es cierto que Cineplexx no suena a nada más que a Cineplexx, si tuvieras que sonar como alguien, ¿Cómo quién sonarías?

Puede ser que tengan varios elementos en común… El principal quizás sea el misterio, a veces en el sonido y otras en las palabras. Es lo que me atrae hacia cualquier música, película o persona: cierto misterio por descubrir. Otro factor podría ser que son recuerdos de mi juventud, de alguna época vivida, o de experiencias, viajes, etc.

No sé como quién sonaría… A veces me gustaría sonar como una orquesta de Tom Jobim, otras como Shalamar, otras como Shamir, depende el día.

Y también quisiera rescatar el tema de tus perturbadores (pero en el buen sentido) videoclips: caleidoscopios, hemeroteca sesentera, tonos pastel, uso premeditadamente naif del croma y los efectos audiovisuales… ¿Prevés perpetuarte en la misma estética para los próximos posibles vídeos de Espejos? Da la impresión de que requerirían algo menos ambiguo y desconcertante que el “Crawl o Mariposa”, por ejemplo (que me parece maravilloso).

Me divierte mucho hacer los vídeos. Ahora estamos preparando uno nuevo y sí, será distinto, aunque en la onda.

Alguna que otra vez te he leído afirmar algo muy revelador acerca de estar interesado en todo lo que se aleje del virtuosismo. Me da la impresión de que se trata de un sentimiento compartido entre una mayoría de músicos dentro del marco de lo alternativo. ¿Qué tenéis en contra del talento natural y sin esfuerzo? ¿Te dan envidia esos niños prodigio chinos que tocan tan bien el piano con sólo 3 años?

¡Jajaja! No recuerdo eso que dije, pero depende en qué contexto, quizás me refiriese al virtuosismo en un sentido técnico, en parte porque carezco de disciplina para practicar y, generalmente, mis músicos preferidos son autodidactas. Supongo que empatizo más con ellos. Igualmente, disfruto mucho de grandes instrumentistas como Piazzolla, por ejemplo, alguien a quien considero un virtuoso, o Miles Davis, Michael Jackson, Prince… No siento envidia alguna; en todo caso, una enorme admiración. Me enamoro de su música como un bobo, y soy de escuchar en loop (¡mucho!). Mirar a Prince grabando el bajo de «Party Man», una canción del álbum Batman (que para mí es genial)… ¡Es virtuosismo hasta la médula! Qué gran perdida, en fin…

No sé si conocerás a un tipo llamado Nardwuar the Human Serviette, autor de las mejores entrevistas musicales que se hayan escuchado jamás. Siempre acaba sus interrogatorios con una pregunta brillante que me gustaría hacerte a ti también; ¿por qué debería a la gente importarle Cineplexx?

No sé por qué, eso lo sabrán los demás, pero espero que sea por algo bueno.

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