Field Music – Making A New World (Memphis Industries)

Su obra es un dechado de imaginación y mezcla de estilos, un alarde de desinhibición del que muchos deberían aprender. The Field Music serían hasta comparables a los tan añorados XTC en su inflexible ánimo de torcer el rock, de no dar tregua a sus pretendidamente “auténticos” planteamientos y usarlos totalmente en su provecho, elaborando una música que se sabe distinta a las demás y se enorgullece de ello. Todo un magnífico bicho raro.

Es lo que han demostrado ser a lo largo de los fantásticos siete discos con que cuenta la impecable discografía que han reunido desde sus inicios en 2004 hasta nuestros días. Supervivientes de toda aquella hornada de grupos de guitarras que se organizó en UK en respuesta al impacto de los Strokes y compañía, ellos han sabido evolucionar como ninguno de aquellos lo ha hecho. Sin embargo, permanecen como un secreto a voces. Como esa exquisitez totalmente prohibida a los no iniciados. Una pena, porque su autorizada mezcla de la herencia de Robert Wyatt, Elvis Costello, The Zombies, Brian Eno, David Byrne o Sakamoto, me parece todo un hallazgo entre la habitual horda de medianías que constituyen el universo pop actual. Pero el oyente, en su sabiduría o ignorancia, es el que manda.

El que hace siete en esta modélica y ascendente colección de discos que van dejando Field Music por el camino, no sólo es una lógica continuación de todos esos planteamientos y personalidad de la que hablamos, es más bien, un paso de gigante. Una suma de todo lo investigado y, por tanto, aprendido, en estos 16 años de andadura.

No busquen la concreción de las canciones aquí. Hay pop, hay guitarras, pero son vehículos al servicio de otros objetivos. El álbum se configura como un ciclo de cortes -19, para ser exactos- que pretenden construir entre todos un pequeño concepto entorno a los efectos de la masivamente devastadora primera guerra mundial. Todo ello nace de un encargo del Museo Imperial de la Guerra de su país, que si bien iba a tener un trazado enteramente instrumental en un principio, al final hubo historias que merecían ser contadas en un formato más convencional. Así, encontramos una coexistencia nada usual entre escapes sonoros más propios de una exposición de arte y estructuras de canción más cercanas al pop, pero todo ello hilvanado en pro de ofrecer una visión de conjunto, una especie de argumento.

Así, vemos que las canciones guardan un orden cronológico, que se inicia con el regreso a casa de los combatientes, que no sabían lo que les esperaba tras el mundo incierto y devastado que dejaba la contienda. Es así, con la cambiante canción “Coffee or wine”, segunda en el listado tras el inicio con uno de esos escapes sonoros de los que hablaba, como da comienzo el ciclo, que continúa hablando de temas tan diversos como los esfuerzos del Dr. Harold Gillies para fabricar injertos de piel en heridos de guerra, que acabarían derivando décadas después en las primeras operaciones transgénero, como el movimiento dadá, o los últimos pagos de las deudas de reparación por parte del gobierno alemán (la funky “Money is a memory”), que tuvieron lugar en 2010 y se encargan de darnos la dimensión aséptica y administrativa a que quedó reducido todo aquél horror tras casi un siglo después.

Es, en definitiva, una historia que fluctúa, pero que es efectiva a la hora de pintar el fresco que represente todas esas consecuencias que trajo consigo uno de los mayores horrores que haya vivido la humanidad y lo complicado que ha sido construir un nuevo mundo sobre sus cenizas. Sobre todo, porque las historias vienen acompañadas de una visión musical tan desinhibida como apuntábamos al principio de este artículo, que hilvana estilos completamente diferentes con total ausencia de pudor y sin embargo triunfa al mostrar bien acabado un completo collage que cumple perfectamente su cometido tanto explicativo como de medio de transporte al nuevo mundo que quieren representar.

Todo esto, aparentemente, será complicado de digerir para un oyente medio, teniendo en cuenta esta era de búsqueda de digestión rápida del alimento musical, ante la enorme maraña de discos y nuevas propuestas que nos asaltan semana tras semana. No obstante, disfrutar de las sugerentes ventanas sonoras que nos proponen aquí la banda de Sunderland, nos asomará a un mundo que merece la pena ver. Ellos saben combinar perfectamente los momentos más experimentales con los más, digamos, amables, para que en ningún momento el tedio domine lo principal: la narración. Una narración ágil, profundamente interesante, por estar llena de hallazgos y sobre todo, apasionante. Todo eso es esta pequeña y policromática obra de arte de uno de los, sin duda, grupos pop más interesantes del milenio en que vivimos.

Escucha Field Music – Making A New World

 

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