Gnod – Chapel Perilous (Rocket Recordings)

Acercarse a la música de Gnod es una experiencia del todo imprevisible. Sus sonidos cortantes y ariscos, esa elucubraciones en forma de partituras alteradas, siempre demandan una actitud activa por parte del oyente. Música incómoda, cimbreante, combativa, bella hasta el paroxismo.El colectivo de Manchester rompe con la dinámica clásica de lo que entendemos como  grupo de rock: son un continuo work-in-progress en el que cohabitan la independencia mas insobornable (ellos mismos se autoeditan cuando les viene en gana, y además apoyan a la escena local de Salford a través de su propio sello Testa Tapes), y la conciencia de apoyo mutuo cuyo eje vertebrador, y el cuartel general de operaciones es una antigua fábrica victoriana de algodón del s. XIX (Islington Mill) en donde dan rienda suelta a su fervor creativo y su querencia por el cooperativismo (como aquel Schloss Nörvenich, castillo fastuoso donde alumbraron los Can sus primeras obras maestras) . No, no son hippies, aunque parte de ese ideario lo integran sin pudor ni falsos romanticismos. Hace diez años que los mancuanianos van a lo suyo editando discos a velocidad vertiginosa, y colaborando con gente como White Hills, Shite And Shine, o poniendo música para el Dune de Alejandro Jodororowsky (ese proyecto lo llamaron GNODROWSKY). El arte como un proceso de regeneración de símbolos.

Gnod han editado este año otro incendiario disco titulado “Chapel Perilous” (Rocket Recordings, 2018) en el que dictan la morfología de un sonido que busca, y consigue, la plena abstracción dentro del marco de una poética abrupta, y llena de resonancias free form. La primera en la frente: “Donovan’s Daugters” es una pieza en donde se dejan llevar en un aquellarre en donde convive la herencia de Can, The Fall, y la música industrial. Guitarras a punto e detonar, samplers, una voz que de desgañita como la de Malcolm Mooney, y una batería que sangra. Una epopeya que es pura magia blanca.

En “Europa” y “Voice From Nowhere” la herencia teutona persiste añadiendo una querida reverencia a Karlheinz Stockhausen, y el drone va creando espacios de atribulada belleza casi tribal. “A Body” revierte en esa sensación de erógena psicodelia turgente digna de The Velvet Underground o de la insania de esos chamanes maravillosos llamados Excepter. Y para acabar esta maravilla, toman las guitarras como si fueran sierras mecánicas y nos trepanan los oídos con “Uncle Frank Says Turn It Down” que podría servir de antesala al fin del capitalismo.

Escucha Gnod – Chapel Perilous

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