Heather Leigh – Throne (Editions Mego)

Heather Leigh es mi diva favorita (o casi) del underground. Procedecente de Virginia, estuvo viviendo mucho tiempo en Texas en donde formó parte en grupos imprescindibles de la llamada weird americana como Charalambides ( ejecutaban tremendos tratados de folk y space rock repletos de atonalidades y silencios intrigantes), y junto a Christina Carter, parte integrante de Charalambides junto a su marido Tom Carter, también dieron lecciones de música libre y correosa en forma de country hibridado con el drone.

Asentada en Glasgow desde hace años, lleva tiempo colaborando con el gran saxofonista Peter Brötzmann, un hombre involucrado en mil y una historias (tecleen su nombre en Discogs y se llevarán una buena sorpresa ante tan avasalladora retahíla de grupos y colaboraciones). Este deslumbrante “Throne” (Editions Mego, 2018) es el segundo disco de Heather tras otro más que notable disco titulado “I Abused Animals” (cabe decir que tiene editados muchos ep’s y Cdr’s de tirada muy reducida, pero solo dos discos cuya dorada estándar pueda ser catalogado como lp)

Ella es una virtuosa del pedal steel, al que se aficionó tras mantener contacto con Susan Alcorn, y en este álbum lo emplea para una ardua deconstrucción del blues primigenio. Abre con la exuberante “Prelude To Goddess” pespunteada por unos rasgueos de guitarra sublimes. Un tema que narra, con su poderosa voz que tanto pueder recordar a Diamanda Galas, y a la vez su experimenta con los límites de su tonalidad y vibrato a la manera de una Patty Waters. La oscura “Lena” lleva el erotismo a territorios más pantanosos con versos como “the kind of girl that never forgets what your daddy did., y su voz tiembla erigiéndose en una sacerdotisa del blues postmoderno. Su voz envuelve, abriga, acolchada por una pedal steel en “Scorpio And Androzani”, y se reencarna en una fantasmal Bessie Smith. Un fondo electrónico actúa como magma incandescente en la sinpar “Soft Seasons” en la que narra los desvelos por conseguir la fama “Hypnotized by fame, bitten by fire.  Won’t you say my name?  It’s my only desire.Aquí la de Virginia se mira en el espejo de la laberíntica narrativa de Haley Fohr, y es pura ambrosía para los oídos. Pura catarsis de country blues hypnagógico. Bendita seas entre todas las mujeres.

Escucha Heather Leigh – Throne

 

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