La agenda de la californiana Kelsey Lu ha estado repleta todos estos últimos años y parecía que no llegaría este segundo asalto en su discografía. Su primer disco, Blood, está datado en el 2019, y en en tiempos en los que hay que saciar los estímulos de forma rápida, parece mentira que haya tardado todo este tiempo pasa sacar hueco en esa agenda para entregar este So Help Me God (Dirty Hit, 2026). Porque siete años en la industria de la música es una eternidad, y los CEO ‘s no tienen tiempo para perder su preciado tiempo.
La artista de orígenes nigerianos es una artista con un gran talento como instrumentista -el chelo es uno de sus instrumentos favoritos aunque es hábil con otros-, y lo vuelve a demostrar con este manojo de nuevas canciones que tiene la ayuda en la producción del omnipresente Jack Antonoff e Yves Rothman que, junto a ella misma, ofrece un más que estimulante recorrido emocional a base de texturas oníricas e ingrávidas.
Su gusto por el soft pop setentero hace que arranque el disco con “Reaper», cuya cadencia recuerda a Sade – de forma más clara en “Only The Lonely”-, y colaboran al saxo Kamasi Washington y haciendo ruidos con la guitarra Kim Gordon. Una de las pasiones de Lu es el cine -ha compuesto bandas sonoras para películas- y hace un guiño a la directora Céline Sciamma en el tema “Portrait Of A Lady On Fire” que se titula igual que la última película de la directora francesa, y en este caso el tema en cuestión es un precioso alarde de virtuosismo de cámara, con el mellotron y la fantástica voz de nuestra artista como protagonista.
Esas sinuosas líneas orquestales son la tónica del disco, a base de compases reposados, la voz en primer término, y una producción que pone el foco en sacar partido a la vertiente más orgánica de unas sonoridades que alzan el vuelo y revolotean en un efecto hipnótico. Las bases electrónicas quieren parasitar el entramado sofisticado que planea en “Running To Pain”, el piano de Sampha y su aportación vocal acompañan a la artista en la hermosa balada “Better Than You” -en la que canta versos de la poetisa afroamericana Wanda Coleman-, y su voz se revela como su mejor arma en la descomunal “American Sonnet” con ecos a Björk.













