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Kommode – Analog Dance Music (Brilliance Records / INgrooves)

Kommode es el proyecto musical en solitario de Eirik Glambek Bøe, la mitad de los noruegos Kings of Convenience. Mientras que la otra mitad, Erlend Øye, sacó un par de discos con The Whitest Boy Alive ya antes de que el dúo entrara en barbecho discográfico, ha habido que esperar 8 años para el debut en solitario de Eirik. En su primer álbum como Kommode encontramos algo de ese indie minimalista, lánguido y ensoñador, de la banda madre. Curiosamente, hay también una tímida aproximación a la música de baile con ecos al blue-eyed soul de los 80 y también, más curiosamente, al proyecto de su compañero Erlend. Nada extraño, dado el título del disco. Analog Dance Music, eso es lo que tiene que ofrecernos Kommode. Música de baile hecha a partir de unos parámetros mínimos, sin artificios electrónicos, sin cajas de ritmo ni espectaculares arreglos.

Canciones como “Shoes”, que empieza de manera similar al “Get lucky” de Daft Punk pero a la mitad de revoluciones, deja la puerta abierta a un experimento musical cuyos frutos resultan bastante apetecibles. Las líneas de bajo de algunos temas tiene poco que envidiar a esas que nos sabemos de memoria de tantos discos de Chic o incluso, o eso me parece a mí (¿el inicio de “Come on, sense!” no es clavado al “Lovesong”?) de The Cure, pero de nuevo a media velocidad, como cohibidas. “Fight of flight or dance all night”, al igual de “Captain of your sinking ship”, podrían ser éxitos en un mundo que valorase más la elegancia y la parquedad que la híperactividad y los fuegos artificales. Con similares mimbres triunfaron grupos como Simply Red, aunque eran otros tiempos y otro sonido. Tampoco parece que sea la pretensión de Kommode. Quizás con poner fondo musical a alguna velada en la playa, junto a un fuego, se darían por satisfechos.

Hay que mencionar el piano y los teclados de Paul Holden, sin los cuales el disco quedaría bastante cojo. Su aportación le da ese toque exquisito, además de erigirse en casi protagonista en temas como “The ink in the great book of music”. O las escasas apariciones de unos instrumentos de viento, como en “I feel free”, que acaban por transportarnos definitivamente a otra época donde tenía sentido la expresión “smooth disco”.

Un álbum introvertido, poco ambicioso pero sin complejos y con algunas sutilezas interesantes. Perfecto para los que no nos gusta que nos vean bailar en las fiestas pero movemos una pierna disimuladamente.

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