LFO – Sheath (Warp)

El nombre de Low Frequency Oscillator quizás no suene a demasiada gente. Pero el nombre de Björk y su Homogenic, sí. Puede que muchos aficionados a la música todavía recuerden los paisajes de aquél tercer álbum de la islandesa, su profundidad, su belleza intrínseca y sus inabarcables mallas, posiblemente las más bellas jamás tejidas con unas máquinas de hacer música. Aquellas notas de Homogenic fueron compuestas por Mark Bell, el mentor de LFO, un proyecto que Björk ya deseó en su día, para facturar su Debut, pese a que tal comunión debió esperar unos años más para formalizarse.

LFO fue un influyente proyecto de bleep techno, que nació a principios de los años 90, justo cuando el sello Warp empezaba a ser conocido. Frequencies (1991) supuso una oda a la electrónica más pura, bella y eufórica, siendo sus melodías futuristas y sus piruetas rítmicas la piedra filosofal de Warp, como sello de prestigio. Un prestigio que no sólo les benefició a ellos sino que supuso un cambio de mentalidad, en el reconocimiento de la electrónica como un ente progresista y rompedor, en general. El canto a las máquinas, en su más poética acepción.

Sin embargo, muchas cosas han cambiado desde entonces. En su día el grupo estuvo formado por Gez Varley y Mark Bell. Las agrias diferencias que surgieron entre ambos les llevó incluso a disputarse el nombre de LFO. Pero lo que más ha cambiado, hasta el punto de afectar la idea que está detrás de Sheath, ha sido la muerte del fundador de Warp, Rob Mitchell, que perdió la vida hace pocos meses, dejando un inabarcable trabajo a sus espaldas. Gracias a su selectivo oído, LFO, entre otros grandes grupos, se dieron a conocer, ayudando a dar empaque sonoro a los años 90. Sheath parece, pues, un homenaje a Rob Mitchell. La amarga y honesta tristeza que supura el disco, evoca las fiestas, las giras, las promociones, las ideas y la vida compartida con el paladín del milagro.

Con todo, Mark Bell vuelve a demostrar que Mitchell tuvo razón en fijarse en él, que nada fue fruto de la casualidad, sino del oficio. De un oficio que ya dominaba cuando, siendo adolescente, se fabricaba sus canciones en casa y las enviaba en cintas de cassette a diferentes sellos y DJ’s. De un oficio que le llevó a componer lo más profundo que Björk haya hecho. Porque Sheath es a partes iguales bjorkiano, iniciático y casero, como evocando la frescura de los inicios. Y aunque, a primera vista, parece que los patrones más clásicos de Warp marquen demasiado su sonido actual, no debemos olvidar quien fue el primero en crear esas míticas “bajas frecuencias oscilantes”. En ellas se fijarían Plaid, Mira Calix e incluso Autechre.

El retorno del primer sonido Warp era de esperar. Una época tan fructífera, con tantos sonidos que expresar, no podía caer en el olvido. Bienvenido sea, de nuevo, el bleep techno, el electro y la melodía evocadora. El hypnotic groove, en general. Se admiten plegarias para que se organice una buena gira del sello Warp, por estas olvidadas tierras. Y con LFO encabezando el cartel. Un bello disco.

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