El Maestro y Margarita – Tempus Fugit (Koshka Records)

Con Margarita Tremblay y a Jesús Fernández me une una amistad desde ya hace unos años. Todo empezó cuando yo bebía los vientos por los escritos de Jesús en el blog Música En La Mochila que lleva desde hace años el gran David S. Mordoh. Me sentía fascinado por su manera de encarar la crítica musical con refinamiento, con su punto de dandismo, pero sin atisbo de pedantería (aunque lo fuera, ¿por qué le tenemos tanto miedo a la pedantería? ¿Sentimiento de inferioridad que no acabamos de asimilar?)

Luego empecé a escribir en ese blog, hecho que se lo debo a él, y más adelante se fue fraguando una amistad desde la distancia, él en Madrid y yo en Barcelona. Siempre permanezco fiel a las señales que me trajo un ángel en un tour de force.

A Margarita la conocí más tarde, en un viaje a Madrid, porque ya por entonces Jesús me había enviado la maqueta de lo que sería el primer ep de El Maestro y Margarita, Hypnos (2015), editado por el sello que por aquel entonces puse en marcha, Discos Belamarh, con más ilusión e intuición que consciente del abismo que se cernía a mis pies.

Me gustaba (y me gusta) todo en ellos. Su buen gusto por las melodías, la preciosa y afable sonrisa de Margarita, la pose entre chulapo e intelectual de Jesús (siempre con su sempiterna boina enfundada), las irrefrenables ganas que tenían por crear desde un posicionamiento diletante, la embriagadora voz de Marga que te acaricia con su peculiar forma de entonar (entre Carmen Santonja y Carole King), y de cómo es capaz de desplazar del lugar común la melodía tocada a piano. Asumimos que nos metíamos en un buen berenjenal por aquel entonces, y ese debut hubiera merecido mejor suerte, aunque sabíamos que estábamos en esto por amor al arte. ¿O no?

Me alegra mucho que vuelvan con otro trabajo de seis piezas compuestas y grabadas entre 2016 y 2019 bajo el título de “Tempus Fugit” (Koshka Records) -ese halo de cultismo y consabido anacronismo define muy bien su estética-, y que refuerza su buen hacer como orfebres pop.

Impresiona el maremoto emocional con el que inician con “Tour De Force” con una Tremblay cada vez más segura al piano, y unos tímidos arreglos de sintetizadores ribeteando el conjunto. En “Maelstrom” la melodía se deja envolver por arreglos de cuerda y fugas circenses que proveen a la pieza un fuerte sentido cinematográfico.

Los aires de country western de “Nubes De Desierto” van en un in crescendo emocional para coronar una de sus gemas compositivas más lustrosas hasta el momento. No le va a la zaga en emoción contenida “Jennie”, un precioso guiño a Portrait Of Jennie, la obra maestra de William Dieterle, en el que el cineasta alemán aunaba creación, alteridad y fantasmagoría esculpiendo un universo ensoñador.

Ritmos mas synth pop vertebran “Investigaciones De Un Gato” en donde se menciona a Beguemot, el gato de la pareja, e ilustran sus armas de seducción felina, y acaban con la enorme “No Me Olvides” con versos de Jesús tan bellos como “Cuando entiendas que fue sincero ya no habrá oportunidad de probar otro argumento, haz al menos por no ignorar

Escucha El Maestro y Margarita – Tempus Fugit

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