Marc Rebillet (Sala La Riviera) Madrid 30/08/22

Tras descubrir a Marc Rebillet en el festival Garorock a principios de julio, me convertí en un seguidor más de este excéntrico músico franco estadounidense. Pocas veces he visto legiones de fans tan entregadas. En un principio, pensé que solo ocurriría en Francia, tierra natal de su padre, pero me equivocaba.

Sus actuaciones se llevan la palma a las más surrealistas, hilarantes y raras, da igual en qué parte del globo terráqueo le toque actuar que la escena se repite, pese a las diferencias de cada país. Al final, cientos de personas ataviadas con batas, kimonos y albornoces colapsan los aledaños de las salas donde actúa. El martes 30 de agosto, Marc Rebillet colgó el cartel de sold out en La Riviera y nos brindó un espectáculo irrepetible.

Tres días antes, Loopdaddy, cómo se autodefine, venía de ofrecer un polémico concierto en el Touquet Music Beach Festival. En dicho Festival, él y sus fans empezaron a insultar al presidente de la República Francesa, Emmanuel Macron, mientras Rebillet empezó a improvisar una canción sobre la situación. Lo más curioso de todo, es que el propio Macron se encontraba en el recinto, agotando sus últimos días de vacaciones antes del comienzo del curso escolar. Este hecho marcaría en cierta manera el concierto en España, ya que los seguidores en Madrid también empezaron a insultar a Macron. Cosas de la globalización.

Más allá de su personalidad y toda la parafernalia que rodea sus conciertos, lo más interesante de este artista es su capacidad para desdibujar las fronteras de diferentes géneros musicales: Funk, soul, hip hop, techno, house… todo se mezcla en pro de la fiesta. Además, sus conciertos son únicos, ya que todas las canciones que toca en directo están improvisadas al momento. Es más, es el propio público el que propone los temas a lo largo de la actuación para que Marc haga el resto. La importancia que tienen los asistentes en la dinámica de la actuación es de vital importancia. Y en el caso de Madrid, el público estaba completamente entregado.

Tras una excelente actuación de Ganges, el grupo telonero, Marc Rebillet se subió a la tarima con su looper a la hora prevista, las nueve de la noche. A partir de ahí, surgió la magia. El concierto de Madrid comenzó con un Marc dando volteretas y pidiendo que alguno de los asistentes se subiera al escenario para poder componer juntos la primera canción. La afortunada fue una chica llamada Violeta. El público empezó a corear su nombre y ese fue el primer bucle que creó. Una pasada.

El concierto empezó a escalar en intensidad, Marc se quedó en cueros y se bajó de la tarima en busca de más ideas. Todo el mundo empezó a decirle temáticas, lo más variopintas posibles. Entre ellas, una canción sobre la amistad o la más curiosa de todas, sobre el Mercadona. Ese tema fue el gran himno de la noche.

Por supuesto, los pogos, las ofrendas al artista (el público tiraba cualquier vestimenta y Marc se lo ponía, ya fueran sujetadores, una gorra de marinero o unas medias entalladas) y el champán descorchado marcaron la guinda a un pastel que no es apto para todos y todas. Como reseñe la última vez que le vi, la mejor forma de poder comprender sus shows es poder verle en directo, pese a que sus actuaciones en Twitch puedan atraer a más de un millón y medio de espectadores digitales.

Marc Rebillet no es un músico, es un líder de una secta de la cual ahora formo parte.

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