Nunatak – Nunatak Y Las Flores Salvajes (Warner/Dro)

En algunas regiones de la geografía española viene proliferando en tiempos recientes una especie floral de familia sonora y perfume claramente pop, aunque no tenga nada que ver con la realidad botánica. Es tan pintoresco el panorama en Murcia, latitud a la que se refieren estas líneas sin ir más lejos, que en los últimos años han germinado propuestas adscritas a las lindes de la experimentación (Crudo Pimento), el rock independiente con aspiraciones épicas (Viva Suecia) o el pop anárquico y multicolor (Alien Tango) entre mil y una más. De ellas hay que detenerse en la de una banda que busca la intención poética ya desde los títulos de sus trabajos, añadiendo a la conjunción pertinente un titular a modo de complemento. A los anteriores El Pulso Infinito y El Tiempo de los Valientes, Nunatak le suman ahora Las Flores Salvajes y dividen sus intenciones en cuatro tramos temáticos, el último de ellos a modo de epílogo y conclusión de un conjunto de temas guiados por la preocupación ecológica, las derivaciones y peligros del amor como sentimiento universal y las inevitables ópticas personales sobre la vida en sí misma. Otra vez con la producción de Raúl del Ama, paisano de los cartageneros, basan la nueva entrega en la fuerza de los estribillos y las texturas de las guitarras, a veces mucho más imbricadas de lo que parece.

Desde el estándar pop dibujado en “Coge mi mano” y “Mi gran virtud” hasta el riesgo melódico adivinado en “Hijos de la tierra”, las nuevas flores sonoras de Nunatak se diversifican en las estrofas certeras de “Quiero que arda” y la apuesta por el pop orquestal de “Todas las campanas”. Al riesgo de resultar demasiado uniformes y planos, que lo son en varios momentos del disco, objetan el ramalazo rockero de “Criminal de guerra”, con la colaboración de Jorge Guirao (miembro de los vecinos de Second) y los coros folclóricos de la agrupación Auroros del Rincón de Seca en “Hijos de la tierra”, escorada al blues suave y seguramente una de las mejores canciones del lote, junto con “Viento del sur”, descubridora del interesante lado acústico de la banda. Puede que si no se adivinaran en su música sombras tan intimidantes como las de Vetusta Morla o Izal, con todo lo bueno y lo malo que cada una de ellas puedan significar, la energía intrínseca de estos temas resultara en algo mucho más personal y seductor.

En concepto, desarrollo y resultados, la nueva incursión en el estudio de Nunatak es otro ejemplo de constancia y convicción en el trabajo bien hecho. Impecables en apariencia y presentación, les sigue faltando capacidad de enganche y ese punch final que, sin saber la mayoría de veces por qué, sigue distinguiendo a quienes conectan con un número elevado de oyentes. Claro que el secreto del éxito es insondable y, por desgracia, imposible de prescribir. Con semillas tan aseadas y luminosas como las de estas Flores Salvajes quizá el camino sea mucho menos accidentado.

Escucha Nunatak – Nunatak Y Las Flores Salvajes

 

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