:papercutz – Lylac (Apegenine Recordings)

:papercutz son una banda portuguesa que empezó siendo el proyecto personal de Bruno Miguel y que ha acabado convirtiéndose en una banda de directo al uso. Lylac es el disco de debut de la banda, un disco de pop electrónico ambiental (hoja de promo dixit) salpicado de voces sugerentes y glitches orgánicos y envuelto con una preciosa ilustración que anticipa la música que hay dentro, aunque los títulos de las canciones un tanto místicos y facilongos, da, en un primer momento, un poco de miedo.  

El disco se abre con una interesante intro que desemboca en “All we have left”, con una llamativa base y unos sonidos melancólicos y plácidos. A partir de ahí las canciones de la primera mitad del disco te llevan a paisajes oníricos construidos a base de sonido de caja de música, sobre la base de unos beats que flotan incesantes allí al fondo. Unos temas bien estructurados y muy disfrutables como “Hana” o “A secret search”. Detalles de música popular japonesa, sonidos retro-futuristas, xilófonos minimalistas y juegos de voces decoran unos temas un tanto predecibles, sí, pero preciosos.  

Pero hay una línea muy delgada entre el pop electrónico ambiental y la música lounge de 4,99 en el supermercado. En la primera mitad del disco :papercutz bordea dignamente la línea, manteniéndose a una distancia prudencial. Pero lo que momentos antes era una dulce duermevela de pronto se transforma en una chirriante sonido chill-out de restaurante de diseño o de anuncio de coche caro: voces forzadas un poco demasiado vaporosas y una monotonía propia de los mantras religiosos. Y la segunda mitad del disco cuesta cada vez más en cada nueva escucha, volviéndose irritante y quedándose vacío de encanto. Y se queda uno con la sensación de que si el artefacto se hubiera quedado en  EP hubiera sido hasta notable. No faltan maneras, más bien faltan ideas.  

Así pues, de momento queda ubicado entre el último disco de relax de revista de autoayuda y algún cd new age de esos con árboles y ballenas en la portada. Una pena, porque las primeras canciones prometían.

 

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