Patrick Wolf – The Bachelor (Bloody Chamber Music)

Tras dos años de su anterior The Magic Position, y después de varios meses de oír hablar de la grabación de su nuevo disco (financiado en parte por los fans mediante un curiosos sistema de acciones), por fin ha llegado el cuarto trabajo del británico Patrick Wolf, el primer disco del proyecto The Battle, que iba a ser un disco doble y que, sabiamente, ha convertido Wolf en dos lanzamientos: el que nos ocupa, The Bachelor, y el que aparecerá en el 2010, The Conqueror. 

Ya desde la portada prevé uno lo que va a encontrar dentro del disco: un Wolf solitario, desafiante y futurista nos mira con una mezcla de descaro, ego y vulnerabilidad desde un decorado salpicado de antiguallas. Justo eso mismo hay en el disco: un Patrick Wolf desatado que a ratos es diva poderosa, a ratos post-adolescente naïf y a ratos niño asustado, y que nos cuenta historias sobre su mundo, su familia y sus problemas. Casi nada! Historias que quieren ser grandes como la vida, pero que pecan de ingenuas… como Wolf.

Siguiendo con la estructura a la que nos tiene acostumbrados en sus discos, tras la sucesión de ruidos que es la intro “Kriegspiel” (que escribió a los 11 años, pero que carece de cualquier otro interés musical), nos da la bienvenida con dos potentes e incontestables temas: “Hard Times” y “Oblivion” en los que ha puesto la mirada en el tecno de los ochenta que tanto adora y ha llevado la simplicidad de los ritmos y la potencia de los sonidos, al campo del hedonismo. Y así, junto con el single “Vulture”, nos invitan al optimismo sobre el resto del disco. Pero…

Este The Bachelor debía ser un disco ambicioso, y no sólo en la magnitud de las historias que pretende contarnos, sino también musicalmente. Y eso le ha llevado a grabar en hasta nueve estudios diferentes repartidos en tres países, utilizar angelicales coros de iglesia y violines y flautas de reminiscencias celtas y arreglar los temas hasta el límite de la sobreproducción y claro, el conjunto se resiente, a ratos se pierde uno en tanto drama y algunas preciosas canciones (eso sí, Wolf sabe hacer canciones) se ahogan entre coros, flautas y violines.

El geniecillo se ha despojado de su traje de moderno trovador y, a falta de encontrar su nuevo atuendo musical, el disco es una montaña rusa donde los temas magistrales marca de la casa, como “Thickets” y sus sonidos celtas, “The sun is often down” y su poderío vocal o “Count of casualty” con ese Atari retro, alternan con momentos para el bochorno como “The Battle” (y en este caso, mejor hasta obviar la parte lírica), otros en los que directamente se plagia a si mismo (¿no es “Vulture” como “Bloodbeat” o “The Bachelor” como “Magpie”?) y algunos donde el londinense se deja llevar por el dramatismo para esconder la falta de contenido (de esos hay unos cuantos, como “Who will” o “Theseus”).

Y eso que el disco no está mal: el sonido es realmente bueno y Wolf canta mejor a cada nuevo álbum. Pero le falta genio, le faltan ideas, le falta lo-fi, le falta esa magia de lo casero, la ingenuidad rabiosa, la descarga. Le sobran arreglos, le sobra divismo y le sobra ambición. Sin haber escuchado sus trabajos anteriores igual hasta podría pasar por un disco notable con un par (ejem… o más) de baches. Pero habiendo visto de lo que fue capaz en sus discos anteriores, precisamente lo que se le puede echar en cara es que su disco “no esté mal”. Se echa de menos un poquito de “The Libertine”, ese crío sin vergüenza, sin recursos, con ideas y con mucho genio. Y también de “Tristan”, de melancólica adolescencia y belleza tristona. Incluso del positivismo de “Accident and emergency”. Simple y llanamente esperábamos bastante más de Patrick Wolf, porque sabemos que puede..

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