Rachid Taha – Apolo (Barcelona)

En francés de la calle Tékitoi significa “¿y quien eres tú?”. Y afirmar que el concierto de presentación de este tercer disco del franco-argelino Rachid Taha fue un enorme “¿y quién eres tú?” desafiante no es descabellado. ¿Y quien eres tú para decirme que no mezcle electrónica con rock cantado en árabe? ¿Y quien eres tú para afirmar que yo soy un terrorista? Preguntas todas ellas que Taha resuelve expeditivamente gracias a una actitud escénica propia de Serge Gainsbourg, en el que sólo cabe la tensión sónica y la provocación inteligente, calculada, judía. Un espectáculo de primera categoría y a un precio raro para una gran estrella de la música como él. Tan solo 17 euros.

Curtido en la música de los bajos fondos parisinos, el magrebí es la más pura expresión de que el cosmopolitismo enriquece sobremanera cualquier raíz cultural, y que la modernidad sólo se puede expresar bien cuando recurre a elementos de cualquier tradición. Pero haciendo de esa tradición no un dogma sino un modo de demostrar que la mezcla es una actitud ante la vida en la que no valen los purismos. Según dijo él mismo, dirigiéndose al público en francés, el rock es su esclavitud, porque el ha sido un esclavo de Occidente y por tanto el rock ha sido su forma de evasión. La fuerza de sus composiciones atestiguan algo que va más allá del enamoramiento y entronca con una filosofía de vida que hoy ha sucumbido ante la pulcritud de este miedoso mundo. Lo hubiera sido el raí de haber sido esclavo de los árabes, un mundo del que hubo de emigrar, por falta de perspectivas (Taha limpió bastantes platos antes de meterse en la música).

El rock o el raí son vehículos que, en cualquier caso, le sirven para desafiar dogmas. Parando, por ejemplo, un concierto en medio del trance y apogeo de una canción, y decir que, en realidad, sólo hay una cosa importante en la vida: derribar el fascismo. Y hacérnoslo gritar fuerte. No escatimó en acusar de antidemócratas a los actuales dirigentes de Argelia, que tan buena imagen tienen al haber conseguido parar los pies a unos islamistas presuntamente radicales. Taha es la demostración de que el mundo es muy complejo y que los dos países que le “esclavizan” culturalmente, Argelia y Francia, antaño el mismo país, no han acabado de limar asperezas. Su música no es más que la expresión de todo esto. Arte con mayúsculas, de profundo mensaje humanista y mediterraneísta. Desafiante y confraternal, al mismo tiempo.

Tékitoi incluye una versión del “Rock The Casbah” de The Clash. Y fue sin duda lo más previsible de un repertorio que consigue hipnotizar con momentos de efervescencia dance-rock que harían palidecer cualquier proyecto fashion. El somero repaso a sus anteriores discos, Medina y el inacabable Diwan, remite a un artista que hace de cada canción una “Batalla de Argel” en potencia, un alegato de sincretismo cultural, verdadero, puro, auténtico. Rachid Taha es, como Asian Dub Foundation, la afirmación de la Europa actual. La demostración viva de que aquí se puede hacer música excitante, basada en la bastardización de cualquier sustrato cultural, con el acento puesto simplemente en la humanidad, en toda su crudeza. Seguiremos progresando mucho en este terreno, con artistas así.

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