La reivindicación de la figura de Robyn por parte de la Gen Z es algo que la artista sueca lleva con honor aunque, como ha comentado en alguna entrevista promocional en estos días, no se identifica con el pop mainstream actual. Gran parte de esas reticencias viene por sus altercados con las multinacionales, y la temible sensación de que la industria del disco siempre (o casi: pongamos en valor la independencia de artistas que, estando en ese hábitat, deciden controlar su carrera) intenta monitorear cada movimiento artístico. Robyn lo padeció en primera persona cuando fue descubierta por Meja Kullersten -estrella del pop de aquel país-, y comenzaría su meteórica ascensión al estrellato como la chica “mona” del pop adolescente. Pero llegó un día en el que se desconectó de todo ese oropel, más que nada porque ya no tenía ánimos para descifrar una realidad que cada vez le era más ajena.
Que Lorde, Charli XCX, Harry Styles o Billie Eilish la adoran no parece nada extraño, habida cuenta de que nuestra protagonista es -pasado el tiempo, y habiendo tomado las riendas de su obra- una rara avis dentro del tecnopop ya que es capaz de llenar estadios, y a la vez, ser una artista admirada por los oyentes que buscan fórmulas no tan manidas de entender el concepto de canción destinada a la pista de baile.
Los años han pasado desde su último disco Honey (2018), y en ese lapso de tiempo ha cerrado heridas -una relación amorosa que la dejó muy tocada-, además de tener un hijo a través de la fecundación in vitro. Vuelve muy segura de sí misma, y se nota en cada uno de los cortes de Sexistencial (Young/Konichiwa Records) en donde cada tema se aventura hacia requiebros inesperados en una producción voluptuosa -mantiene su confianza con su amigo Klas Åhlund y de reencuentra con Max Martin-, y un anhelo por narrar, desde la perspectiva de una mujer mediana edad, sus ilusiones, sus miedos y soledades tamizado por su sentido del humor.
Los sintetizadores musculosos y los loops con voces marcianas dan la bienvenida a “Really Real”, un tema de apertura que narra el fin de una relación a través de versos contundentes: ¿Es realmente, realmente real? / Cariño, dime cómo te sientes / ¿Es realmente, realmente real? Sí / Estamos separando la realidad / Y me deslizo por la grieta entre ella / ¿Es real de verdad?” . El sencillo de adelanto, “Dopamine”, es uno de los platos fuertes del disco; un tema en el que, de nuevo, los sintes llevan las riendas de una tonada llena de esperanza y entusiasmo por volver a agarrarse a la vida, y esta vez sóla, después de la ruptura amorosa: “Esta es de esas veces en las que tienes que dejarte llevar / Voy a darlo todo […] / Todo está burbujeando dentro de mi mente / Y cuando me dejo llevar, es tan fácil”
La sensación constante de no acomodarse a un sonido para no convertirse en un cliché de ella misma es la constante del disco, y “Sucker For Love” es una modélica pieza de tecnopop en la que debajo de la voz de Robyn se fusionan muchas capas de loops y samples. El acento house en “Talk To me” tiene la marca de Max Martin, y la letra encarna las experiencias de nuestra cantante con las app de ligoteo, y el rapeado enérgico de “Sexistencial” -de la que Arca ha hecho una remezcla- maneja los resortes de la seducción a través del humor: “Así que estaba a punto de tener un hijo por mi cuenta / Y entonces mi doctora me dijo: “A ver, Robyn, ¿quién sería tu donante ideal?” / Bueno, Adam Driver siempre me ha puesto un poco / Y ella dice: “Sí, ¿no estaba genial en Zohan: Licencia para peinar”. Un regreso a la altura de sus mejores logros.
















