Con tan sólo 41 años Shabaka Hutchings lo podríamos calificar como una de los artistas de jazz más importantes e influyentes de las últimas décadas, no sólo por el impacto de su música, sino también por ser un hombre que ha avivado la escena de jazz británica explorando desde diferentes frentes. Ha sido una presencia ubicua en la escena de clubs de Londres así como en festivales de gran tamaño; fue una pieza dinamizadora dentro del festival We Out Here que dirigen Gilles Peterson y Noah Ball, en donde actúan muchos talentos emergentes del jazz en una mixtura de gramáticas y tonalidades diversas; y como miembro activo de grupos como Sons Of Kemet, The Comet Is Coming y Shabaka And The Ancestors.
Los sonidos que elabora el saxofonista londinense es heredera de la escena que se llamó The Jazz Warriors a mediados de los 80, y que fue un colectivo de músicos muy importante para reelaborar el lenguaje jazzístico comandado por Courtney Pine. Hacia ese legado tiene puentes Shabaka ofreciendo un tapiz cuyas ramificaciones conviven la fusión musical escarbando en el legado afroamericano, la experimentación y el aprendizaje en grupo, sin olvidar la conciencia política.
En su tercer disco a su nombre, Of The Earth (Shabaka Records, 2026), teje un exultante maridaje repleto de melodías que juegan con el panafricanismo y las conexiones galácticas de Sun Ra, el fraseo rap que aparece por primera vez en un disco suyo, estrecha lazos con la música electrónica a través de beats y loops que actúan como base para que merodeen las melodías, así como el protagonismo que tiene la flauta, un instrumento que siempre aparecía en sus trabajos, pero que al escuchar el disco de André 3000 New Blue Sun ahora cobra un mayor protagonismo.
Arranca el disco con “Future Untold”, y las imaginería cósmica se va elevando a través de percusiones y las suaves líneas de saxo, para después en “Those Of The Sky”, administrar gotas de orientalismo, sonidos de pájaros y una base electrónica programada para alzar en su conjunto uno de los momentos más brillantes del disco.
La voz de Shabaka recita unos versos en “Go Astray” que evoluciona sobre beats repetitivos y líneas de sintetizador que recuerda a cLOUDDEAD; unos arreglos de percusión los sonidos de, la flauta y unos sintetizadores dialogan en perfecto equilibrio en “Dance In Praise” cuyas ondas de resonancia me transportan al cosmic jazz e incluso al dubstep; y “Stand Firm” es una refinada sinfonía en donde el saxo, el trombón y la flauta se acompasan – unas veces con tonalidades serenas, otras espoleadas por la rabia- conducidos por una base eléctrica que se acerca a parajes industriales al fin de una rave.













