Simon Reynolds

Tenemos la primera generación de padres que molan y que escuchan música que mola

El conocido crítico y periodista musical Simon Reynolds ha visto por fin traducida al castellano, gracias a la editorial Contra, su gran obra sobre la música dance Energy Flash, publicada originalmente en 1998 aunque ha sufrido alguna ampliación en años posteriores. Se trata de un libro imprescindible para los amantes del género y de la música electrónica en general, un campo en el que Reynolds es un gran erudito.

Con motivo de la presentación del libro en Barcelona tuvimos la ocasión de charlar con el autor. Por supuesto hablamos de Energy Flash, pero también de sus libros anteriores, de su larga trayectoria como periodista-crítico-autor, y del hecho musical en sí mismo desde diversos puntos de vista, incluyendo el sociológico. Una muy interesante charla, como tendrás ocasión de comprobar en las siguientes líneas.

Cuando empezaste a plantearte escribir un libro como Energy Flash, en el que haces un acercamiento más o menos académico a la música de baile, ¿no te sentiste abrumado por la cantidad de géneros, nombres, ciudades o estilos que están relacionados con este movimiento? ¿Crees que haber estudiado la carrera de Historia te ha ayudado a la hora de seleccionar, ordenar, descartar… en resumen, no verte sobrepasado por la cantidad ingente de material?

Es curioso porque aunque es cierto que he escrito un par libros históricos, y estoy escribiendo otro sobre la historia del Glam Rock, no utilizo los métodos de un historiador para trabajar. En la carrera de historia aprendí mucho sobre la historia europea y sobre la historia americana, tema en el que me especialicé, pero no se trabaja mucho el tema práctico de la investigación histórica. Realmente no aprendí cómo ser un historiador, por lo que he tenido que aprender por mi mismo cómo lidiar con la información. Aunque personalmente creo que lo que hago es enfocar la información como un periodista más que como un historiador.

Investigo sobre un tema hablando con gente relacionada que lo está viviendo, y a veces hablo con ellos más tarde y si dicen cosas distintas intento saber por qué e intento buscar cuál es la verdad tras ese cambio de versión de la historia. En el caso concreto de Energy Flash, el libro surgió a partir del trabajo de periodista que había hecho durante mis años anteriores. Una buena parte del libro está basado en textos que ya escribí anteriormente y que he expandido para acabar dándole forma de capítulos. Si te fijas bien, verás que hay partes sacadas de reseñas de discos que hice para Melody Maker o The Wire. También he hecho más entrevistas. Y luego hay una buena parte en la que simplemente observo, casi como un antropólogo. Ha sido una labor de cortar y pegar información de aquí y de allí.

¿Crees que la velocidad a la que evoluciona la música electrónica hace más difícil hacer un acercamiento serio, o mejor dicho académico, al movimiento?

Hmm. La verdad es que creo que mi trabajo es en realidad una mezcla de periodismo y academicismo. En la prensa musical británica con la que crecí había mucha costumbre de utilizar elementos académicos, filosofía por ejemplo, en las reseñas de discos. Desde hace muchos años, en mi tiempo libre lo que me gusta es leer libros de filosofía. Pero lo hago de forma bastante desorganizada, no en la forma en que alguien con estudios académicos accede a este conocimiento. Leo esto y leo aquello, aunque no de forma sistemática. Y mientras leo estos libros, veo cómo sus ideas se relacionan con la música de una u otra manera, pero no creo que mis libros pudieran ser aceptados como “académicos”, aunque sé que algunos de ellos se utilizan en cursos universitarios sobre música electrónica o similar.Así que no creo que mi enfoque sea muy académico, a pesar de tener contenido intelectual.

Volviendo a tu pregunta, sí, se mueve muy rápido y, es más, siempre se está moviendo. Por eso cada vez que acabo una nueva actualización del libro, cuando llega a la calle casi un año más tarde ya hay cosas nuevas que se quedan fuera. Es la naturaleza de las publicaciones, son lentas.

¿Crees que la música electrónica está infravalorada por el hecho de que se asocia con fiesta, discoteca o drogas? Muchas veces he escuchado gente, incluso algunos músicos, decir que “los músicos electrónicos no son músicos de verdad”.

Bueno, creo que esto ha cambiado un poco. Mucha gente joven ya no tiene esa percepción de la música electrónica, probablemente porque escuchan música electrónica por la radio. Y no me refiero solamente a la música electrónica que está relacionada con la cultura de baile en sí, me refiero también a bandas de rock que procesan su música digitalmente y que se alejan intencionadamente del sonido clásico del rock en directo para sonar más electrónicos.

Mis hijos, por ejemplo, escuchan hip hop en la radio, o música dance, o pop, pero para ellos todo es la misma cosa, sin distinciones. Para ellos todo lo que suena a rock o lleva una guitarra suena antiguo. El otro día sonaron Vampire Weekend y mi hija me decía que ¡era música vieja! (risas) Para ellos no hay esta diferencia entre un músico de rock o un músico electrónico, los dos hacen música. Es más, mi hija prefiere que las voces estén pasadas por autotune, porque es a lo que se ha acostumbrado. Así que creo que cada vez existe menos esta apreciación.


 
Hablemos un poco de Retromanía, tu anterior libro (o posterior, si no contamos esta reedición de Energy Flash). Es el primer libro tuyo que leí y tengo que decirte que me pareció muy deprimente (sonríe pero asiente). No soy muy amante de las reediciones, los revivals y en general esta moda vintage que hay instalada actualmente en la música. Y después de leer Retromania acabé con la sensación de que ya está, esto es lo que hay y que a la gente ya no le gusta la música actual. Por favor, dime que has cambiado de opinión desde entonces y que ves motivos para la esperanza (risas).

Bueno, Retromania es un libro muy deprimente sí. Deberías haber empezado por Energy Flash que es menos triste (risas). Aunque puedo decirte que desde que salió el libro me he vuelto más optimista. Y todo viene por haberme mudado de Nueva York a Los Angeles y pasarme muchas horas en el coche y escuchar mucho la radio. He descubierto que escucho un montón de cosas que me gustan y que suenan modernas. Una de ellas es por ejemplo el autotune, que me parece que es uno de los sonidos más actuales y modernos. Antes la gente lo utilizaba para corregir defectos al cantar, pero no para conseguir efectos raros. Pero la forma de usarlo para distorsionar la voz es algo muy moderno. Muchos músicos de hip hop y pop mainstream lo utilizan desde hace tiempo para que sus voces suenen post-humanas, como cibernéticas o futuristas. Así que sí, creo que hay razones para ser optimista porque la música sigue evolucionando. (Se queda pensativo).

Pero sigue habiendo un montón de retro. Por ejemplo, una de las canciones más grandes del año, “Happy” de Pharrell, que creo que es una gran canción desde el ritmo a la melodía, no deja de ser un ejercicio de soul de los sesenta. Un poco como “Fuck you” de Cee Lo, que no se puede negar que también es una gran canción, pero que suena como si fuera un tema de los setenta. Y así hay otros muchos ejemplos. Esto no deja de demostrar la atemporalidad de la época digital, en la que el pasado parece presente y no hay ninguna razón por la que no hacer música que se parezca a la de antes.

Los músicos tienen acceso fácil a toda la historia de la música para que les influencie. Y muchas veces ni siquiera es nostalgia, simplemente se trata de estilos.

Pero entonces, en el momento en que la historia de la música deja de ser lineal ¿no se pierde el componente generacional que la caracteriza? Antes mi padre tenía su música, yo tenía la mía y mi hijo tendría la suya. Pero esto ya no es así, todo se mezcla.

Sí, es cierto. Y la culpa de esto es que tenemos la primera generación de padres que molan y que escuchan música que mola. Y si a tu padre le mola Velvet Underground, The Cure o Sex Pistols, ¿cómo vas a rechazarlo porque es “la música de tu padre”? Y como nosotros tenemos todo ese bagaje musical histórico, probablemente cuando mi hijo me venga con alguna canción que no conozco, en vez de negarme a escucharla porque es su música le pondré interés e intentaré escuchar el resto del disco de esa banda, y otras canciones del estilo… Probablemente le spoilearé su propia música (risas).

Además de tu faceta como escritor de libros, una buena parte de tu vida la has dedicado a escribir artículos y reseñas musicales. ¿Qué te parece más difícil: escribir un libro, con todo el trabajo de investigación y análisis que conlleva, o reseñar discos, sabiendo que hay fechas de entrega o que no siempre el disco te va a interesar?

El problema de reseñar discos hoy en día es que es muy difícil que llegue a tus manos y no tengas ninguna información sobre él o sobre la banda, sus influencias o sus intenciones. Cuando empecé a escribir reseñas de discos había mucha menos información y de alguna manera podías tratar de imaginar o incluso inventarte el significado de las canciones o las motivaciones, que podían incluso no haber tenido. Pero ahora con cualquier disco puedes saber fácilmente todo lo que quieras sobre él. Aún así, muchas veces escribir una reseña de un disco puede ser realmente difícil. A veces no hay demasiada historia tras ese disco, solamente sonido. Así que no sé, las dos cosas son un reto, cada uno a su manera.

Y después de pasarte todo el día escribiendo sobre música, ¿aún eres capaz de disfrutarla como un simple fan?

Hay momentos en los que estoy harto de música. No quiero escucharla ni oír hablar de ella (risas). Pero desde que vivo en Los Angeles escucho mucha más radio de la que escuchaba antes, como te decía. Música actual pero también música de hace veinte o treinta años. Y lo bueno de la radio es que escuchas cosas que no esperas escuchar. Pierdes el elemento de decidir, de elegir lo que quieres escuchar. Así que por ejemplo suena algo que hace quince o veinte años pensabas que era basura y ahora piensas “pues está bien”. Y este elemento de sorpresa está haciendo que recupere mi amor por la música. Cuando intento seguir las novedades y mantenerme al día es como si fuera trabajo, y escuchando música así me cuesta conectar con ella porque siempre la estoy analizando y juzgando. Así que he descubierto que lo que más me gusta es escuchar música cuando estoy haciendo alguna otra cosa, como cocinar o conducir.

Y de hecho las mejores ideas para mis libros siempre se me ocurren en estos momentos, cuando no siento la presión de que estoy trabajando y parece que la música pasa a formar parte de las cosas que hago en mi vida, pasa a formar parte de la vida. Así que sí, es un punto cuando vas a un concierto y no tienes que hacer una reseña. Es puro disfrute. Igual que si vas borracho o colocado, y  se convierte en disfrutar puramente de las sensaciones de la música.

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