Sinéad O'Connor

Sinéad O'Connor - Remembranzas: Escenas De Una Vida Complicada (Libros Del Kultrum)

Acaban de ser publicadas las memorias de Sinéad O’Connor, uno de los mitos del malditismo musical. Y no es que sea la típica broma mía, es que ella misma se despacha en el trabajo sobre el tema y dice por su propia boca: “Por lo tanto, aunque hubiera tenido por padres a San José y a la Virgen María y se hubiera criado en la Casa de la Pradera, tu hija seguiría estando más loca que una cabra y desquiciada como una regadera”. Un trabajo literario a veces duro, otras muy desgarrador, pero siempre con fino sentido de humor, que se agradece a la hora de leer algo que, en ciertos pasajes, te hace esgrimir un gesto de desaprobación.

Sinéad O’Connor (Glenageary, Condado de Dublín, 54 años) nos explica a través de estas páginas de dónde viene su inestable vida. Una infancia llena de maltrato infantil y una adolescencia rebelde donde, cada dos por tres, era internada en un Centros de Rehabilitación de la Conducta. La irlandesa tenía 19 años cuando comenzó a conocer la industria y es destacable como narra cuando en la discográfica le dijeron que se dejara el pelo largo, se vistiese con faldas estrechas y se mostrase sexy. Les mandó a freír pimientos. Asistiremos con un nudo en la garganta a las vejaciones a la que la sometía su miserable madre: “Soy la niña que llora de miedo el último día antes de las vacaciones de verano. Tengo que fingir que he perdido el palo de hockey porque sé que si lo llevo a casa mi madre me golpeará con él todo el verano. Aunque tal vez prefiera el atizador de alfombras. Me hará desnudarme, me obligará a acostarme en el suelo y abrirme de piernas y brazos, a permitirme golpearme con el mango de la escoba en mis partes íntimas”. Sí, es una biografía sin trampas dramáticas. Y, a pesar de todo el daño físico y mental que le provocó su madre hasta tiene buenas palabras para ella; “No pude dejar de pensar lo mucho que le habría gustado [a su madre] estar allí”, apuntó al recibir un premio Grammy.

Cuando se metió a grabar su debut no le gustó la producción final. Intentaron convencerle de que con arreglos celtas vendería más. Se negó y se lo pagó de su bolsillo; The Lion and The Cobra (1987) se coló entre los 30 más vendidos tanto en Reino Unido como en Estados Unidos. Pero el pelotazo gordo llegó con el segundo, I Do Not Want What I Haven’t Got, (1990) número 1 en ventas a nivel mundial y donde se incluye «Nothing Compares 2U», escrita por Prince, al que dedica 14 páginas y no con buenas palabras; su encuentro en la casa del de Minneapolis se saldó con un acoso por parte del divo. Ella logró escapar, pero la persiguió con un coche hasta que logró que se marchase amenazándolo con avisar a los vecinos.

Se describe punk y no estrella del pop. Debido a lo de romper la foto del Juan Pablo II, hecho al que dedica varias páginas también, Frank Sinatra la llama “niña estúpida” y Madonna se burló de ella y asociaciones como la Liga Antidifamación convocaron concentraciones para triturar sus discos.

En otro párrafo sentencia; “Lo que hizo descarrilar mi carrera fue tener un disco en el número uno y romper la foto del Papa me devolvió al camino correcto. Tenía que volver a ganarme la vida actuando en directo. Porque he nacido para eso. No nací para ser una estrella del pop. Porque para eso hay que ser buena chica. No ser demasiado problemática”. Y ahí tiene razón. Su desprecio por la industria discográfica es evidente en las páginas; la retrata de mezquina, capaz de presionarla para abortar cuando se quedó embarazada tres meses antes de lanzar su primer trabajo.

En la parte final Sinéad O’Connor habla de la penosa situación que atraviesa los últimos tiempos, con cuatro años recorriendo diversas instituciones mentales. Lo achaca a una histerectomía radical (extirpación de todo el aparato reproductor: útero, trompas, ovarios…) que desembocó “en una crisis nerviosa total” y que ella cree que el médico erró en el diagnóstico. Su lado más oscuro lo muestra cuando confirma que está obsesionada con que todo el mundo le roba. Y confirma que sufre anorexia, agorafobia y que es fumadora de petas compulsiva. Vive retirada en su casa irlandesa. Siempre lleva el hiyab sobre la cabeza, ya que abrazó el islam en 2018 y desvela que, cuando del hospital mental en el que estuvo ingresada, se encontró con que sólo tenía en el banco 8.000 dólares (6.500 euros). Pero ni ahí se hunde; al momento nos dice que desea editar un disco en enero de 2022 y que tendrá por título Veteran Dies Alone. Hasta quiere ir a la universidad para sacarse el título de auxiliar de enfermería.

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