The New Raemon – Tinieblas, Por Fin ( Cydonia / Marxophone)

Recuerdo que abría la reseña del, hasta hace unos días, último disco de The New Raemon (Libre Asociación, 2011) haciendo apología descarada e innegociable de los artistas que hacen lo que les da la gana. Bien podría valer ese discurso como prólogo al análisis del ahora último disco del músico catalán. La independencia del artista, no tanto con respecto a las imposiciones de una discográfica (que en este caso no existían), sino más bien frente al asfixiante y hastioso ambiente de inmovilismo que genera el éxito acaba convirtiéndose en un acto de romántica valentía y congruencia con uno mismo.

Por supuesto, Ramón Rodríguez lo ha vuelto a hacer. “Yo siempre he hecho lo que me ha dado la gana“, me decía hace poco en una entrevista con la naturalidad que merece la sentencia. Tinieblas, Por Fin es otro valiente ejercicio de honestidad que, como Libre Asociación, a buen seguro le habrá granjeado otro importante puñado de opositores garfunkelianos. Opositores que no hace mucho cantaban, obscenamente entregados, “Tú, Garfunkel” en sus conciertos.

Pero lo que le pedía el cuerpo al de Cabrils era hurgar con las dos manos en ese agujero que tan precavidamente había dejado preparado en su anterior disco. Tinieblas, Por Fin es, al fin y al cabo, el remate de un plan de dos fases. Se veía venir. “Cualquier día de estos me voy a alzar y voy a reventar” era lo primero que le oíamos en 2011. Bien, pues la amenaza se ha cumplido; las nueve canciones de 2012 no son más que el retrato de un despertar cargado de ira, indignación y protesta. También de resignación, y posiblemente de esperanza.

Publicado bajo licencia Creative Commons con su propio sello, Cydonia (y Marxophone), esta cuarta entrega es la más compleja de Rodríguez. La menos accesible y la más visceral. Nada que ver conceptualmente, por supuesto, con sus dos primeros discos, y definitivamente por encima de su notable predecesor. Tinieblas, Por Fin ofrece la garra del que ya no aguanta más, y lo hace con una colección de canciones elegantemente dispuestas.

Este trabajo acaba siendo el disco más complejo de Rodríguez en solitario; su estandarte es “Devoción”, su tema más largo hasta la fecha (casi siete minutos), una canción con el más antagonista del Raemon original, profunda y llena de matices y cambios de atmósferas al ritmo del imparable paso del tiempo. También es su disco más arriesgado. ¿Os acordáis de cuando los músicos cantaban sobre cosas interesantes? Hay un trecho entre la ranciedad de aquellos cantantes protesta que acabaron siendo algo por lo que protestar y la evasión más absoluta y fútil de la realidad. Basta escuchar “Risas enlatadas” (“suenan risas enlatadas al tropezar con el pesar de una rabia extraordinaria”), “La ofensa” (“con tanta maldad, ¿adónde iremos a parar?”) o la incómoda y jazzísticamente atípica “Tinieblas, por fin” (“otra patraña con la que vivir, próspera miseria vamos a compartir”) para que nos preguntemos qué están haciendo todos los demás.

Cada vez más arropado instrumentalmente, produciendo más acertadamente y respirándole en la boca a los mejores momentos de MadeeRamón Rodríguez ha completado un ciclo de forma brillante. Domina la épica y los crescendos emocionales con maestría, lo que, unido a su facilidad para escribir letras que conectan a ras de suelo con el que escucha, hace pensar que se encuentra en su mejor momento. Ejemplos de todo esto hay por doquier en Tinieblas, Por Fin: la oscuridad de “Casa abandonada”, la magia perenne de “Galatea” o la emoción de “Marathon man” y la maravillosamente deprimente “Centinela”.

Otro paso bien dado en el camino de The New Raemon.

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