The Raveonettes – Heineken (Madrid)

A pesar de la lluvia, y de tratarse de una noche de domingo, una larga cola anticipaba un concierto con un muy buen aforo. Así poco a poco la sala fue cogiendo el ambiente que suele preceder a los conciertos que congregan a muchos fans.

Tras una espera sazonada por la acertada y venenosa música de Suicide se dio paso a un atento comunicado de la banda que anunciaba que Sune Rose Wagner, la mitad masculina de The Raveonettes, tenía serios problemas de garganta que le imposibilitaban cantar. La calma llegó cuando se aclaró que el grupo daría el concierto apoyándose únicamente en la voz de Sharin Foo. Y así fue.

Los daneses, acompañados de un batería, soltaron en directo varias de las mejores canciones de sus cuatro álbumes hasta la fecha centrándose en diversos pasajes del reciente Lust Lust Lust.

Foo, que en un principio dejaba notar su nerviosismo ante una situación que nunca había atravesado fue confiando más en su voz y consiguió por momentos redimensionar el sonido del grupo llevándolo al terreno de los grupos de chicas de los cincuenta o sesenta, pero también a las épocas de la new wave. Y aunque se echaba de menos los contrapuntos vocales de Wagner, lo cierto es que lo que aquella noche se vio tuvo un especial acento pop potenciado por el evidente carisma visual del dúo que generó una buena complicidad con el público.

Entonces los guiños a The Jesus & Mary Chain o Jody Reynolds, por citar dos nombres con los que se les puede emparentar, dieron más bien lugar a los de The Cookies, The Shangri-las, The Ronettes o Blondie. The Raveonettes ya tienen una buena cantidad de canciones como para sobrarse sobre el escenario. Dentro de sus características maneras sonoras dejan fluir la herencia del rock’n’roll de tupés y autopistas oscuras, de acoples, distorsiones y melodías, de aventuras spectorianas y muros de sonido.

Eso es lo que se percibió la noche del concierto, aunque quizás un poco más de volumen habría servido para recrear esas atmósferas que tan bien les sientan. “Love in a trashcan”, “Aly, walk with me”, “That great love sound” o “Attack of the ghost riders”, por citar algunos ejemplos, dejaban claro todo lo mencionado. Pero quizás fue con “You want the candy” donde el trío se metió a todos en el bolsillo. Si le sumamos a esto la espléndida versión del “French disko” de Stereolab podemos decir que a pesar de haber sido una ocasión un tanto extraña y desconcertante, The Raveonettes salieron adelante y ganaron la partida.

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