Cosas de la programación, Naïka abrió una fecha de contrastes. La joven norteamericana plantea una amplia gama de herencias que mucho tienen que ver sus orígenes franco haitianos y una extensa línea vital para los años que gasta. En su recital mostró ganas y energía para aterrizar un repertorio que, por momentos, abusó de las versiones, aunque eso no empañó una actuación que convenció a un público entregado con pasión a su propuesta.
En esa oscilación entre los sonidos más relacionados con lo afrocaribeño, pero también con otros géneros como la bossa-nova o reinterpretaciones más cercanas al lenguaje del pop, la vocalista se hizo querer por el grupo de instrumentalistas que ofrecieron un abanico de posibilidades. Por momentos más acertados que la propia cantante, el resultado de la conjunción de ambos segmentos devolvió esa energía impregnada desde el césped artificial de la pista principal.

El genio de Yerai Cortés se acentúa con una puesta en escena tan sencilla como poderosa. Al guitarrista no le hace falta ninguna parafernalia para destacar una propuesta que apuesta por la elegancia sonora y estética. Su actuación pasa por una escenografía de corte escultórico que cubre físicamente su toque de guitarra y articula una sinergia fundamental. Es decir, las seis coristas de las que se acompañan forman una unidad junto con ese núcleo de cuerdas que afloran con aparente timidez.
De esa primera parte introductoria parte uno de los primeros conjuntos escultóricos, el que vertebra esa «Roto X Ti» iniciático que engloba, además, la idea de espina dorsal y la relevancia de su álbum POPULAR a lo largo de la noche. Entrelazando la percusión de palos y tacón, la potencia del conjunto demuestra desde pronto una voluntad de constancia que alternará el protagonismo del alicantino y de su guitarra con la de las seis voces que arropan sin temblar la cualidad del guitarrista.

En esa simbiosis, “Rebelá” apunta directamente a su maestría y atrevimiento, a la vez que sobre el juego de luces rojas planas resalta esa experiencia coral de lo vocal. Habrá cabida para la estridencia de las estroboscópicas y regresará también cierta intimidad con «LO MALO QUE HE SIDO CONTIGO», un punto de partida más íntimo de aquel proyecto de La guitarra flamenca de Yerai Cortés. Ahí es donde progresa desde los tonos más bajos hasta el culmen en una nueva escultura sonora y luminosa.
“SULAO” demuestra también el sentido opuesto, ese en el que las voces femeninas cobran un merecido protagonismo y se desarrollan sobre los cálidos acordes. Esa función vertebradora coincide en puntos estéticos más clásicos con “SONAR POR BULERÍAS», un tema que aflora entre las sombras chinescas en las que se han convertido sus coristas para emprender posteriormente la celeridad a la que acompañan las palmas. Existe en ese corte cierto resumen de la tónica del recital, siendo una constante en ese hilo que traza entre sus dos grandes álbumes y que se describe también a la perfección en “NI EN LOS CAFÉS PARISINOS” o “NI EN LOS PUERTOS ITALIANOS”.

“PA NÁ” describe otra dirección dentro de la misma idea. El concepto del dinamismo se apodera con ese intercambio de papeles que bordan tanto él como ellas, compartiendo responsabilidad para que el ritmo nunca decaiga. La escenografía sigue siendo más que válida, integradora. Volverá la complejidad de “Roto X Ti” en su versión completa, desgarradora en la fuerza con la que arrasa antes de retirarse a su silla tras interpretar «Por tu silencio lloro».

En ese fondo, en segundo plano físico, se revela también su impronta. Hace tiempo que se ha hecho con el escenario y ha puesto sobre el mismo un conjunto más allá del individuo, aunque se sabe maestro. No hace falta mucho más. “LIRILI” irrumpe con el mismo aplomo que todas sus predecesoras, a rotura y rasgado, para una celebración en la que todos sobre el escenario fueron protagonistas de una ejecución redonda y merecedores de la pasarela de reconocimiento.
Fotos Yerai Cortés + Naïka: Eva M. S. G.















