Entrevista: The Wave Pictures

“Internet está acabando con todas las cosas que me gustan.”

El poshumanismo va a llegar. Los robots ya tocan el violín mejor que tu prima, y es cuestión de tiempo que se apoderen de todo lo demás. Una cruzada planetaria androide definitiva está al mismo click de distancia que la resurrección de un Bowie con cuerpo de hojalata y talento cortocircuitado. No, este no es el pretexto para la versión musical de Terminator 7, sino el último oráculo de David Tattersall, compositor, cantante y guitarrista de The Wave Pictures. En ocasión del lanzamiento de su más reciente trabajo discográfico, Bamboo Diner in the Rain, y de su inminente gira española, hablamos con los incombustibles de Leicestershire sobre Deep Blue versus Gary Kasparov, Internet posiblemente siendo Satanás en la Tierra, lo poco que se ha merecido Bob Dylan el Nobel y, en general, lo maravillosos que son los Wave Pictures en todos los sentidos y lo llenos de mierda que están el resto. Pero son todo opiniones, eso sí.

Siendo los Wave Pictures una banda tan célebremente prolífica desde aquellos inicios en los que sonabais incluso menos pulidos que ahora, 2016 se alza como un año particularmente inspirado hasta para vuestros estándares; antes de Bamboo Diner in the Rain en noviembre se lanzó A Season in Hull en febrero, álbum grabado con un micrófono, sin mezclar y únicamente disponible en formato vinilo. ¿No te parece que lo tenéis suficientemente jodido hoy en día, como proyecto liderado por guitarras en un panorama musical contemporáneo ampliamente dominado por ordenadores? ¿Cuál es la intención tras esta valiente (si no autosaboteadora) estrategia?

Quería hacer algo que no fuera para Internet. Para mí, es una idea muy romántica. Es como un mensaje en una botella que se tira al mar. Para escuchar esas canciones, hay que escucharlas en vinilo. Suenan realmente maravillosas y estoy muy orgulloso de ellas, creo que es una idea enternecedora. No me gusta Internet, de todas formas. Lo aborrezco con toda mi alma. Está acabando con todas las cosas que me gustan.

Parece que vuestra característica productividad no es una virtud que pueda generalizarse a la mayoría de bandas que, de una forma u otra y al igual que vosotros, caen bajo el calificativo de rock de algún tipo, especialmente si se compara con el flujo infinito de trabajo producido por vuestros equivalentes en el mundo del hip hop o la electrónica. ¿Percibes una sequía creativa en el estado actual del rock?

Sí, la percibo. De hecho, creo que hay muy poca música en ningún género que se haga con fuego en las entrañas. Todo parece complaciente y comercializado, no sólo en el rock pero a lo largo y ancho del espectro. Cada uno vive en su pequeña caja. Se han olvidado de que la música es para divertirse, y para expresarse uno mismo. Los robots se han apoderado del lugar. Sería tan fácil ahora mismo reemplazar a los humanos por completo.

Bamboo Diner in the Rain se describe y siente de modo similar como una batalla “contra el apocalipsis de la música robótica”. ¿Qué es lo que categorizáis como “música robótica” y por qué es algo a lo que deberíamos enfrentarnos? O reformulando desde un punto de vista más constructivo: ¿por qué un estilo de grabación basado en instrumentos reales todavía merece ser reivindicado?

Porque uno quiere escuchar el espíritu humano en la grabación. Las máquinas pueden ganar a un hombre al ajedrez, y pronto podrán ganar a un equipo de futbol humano. Sin duda, en un futuro próximo lucharán nuestras guerras, y no mucho tiempo después se alzarán contra nosotros, como se ve predicho en las películas de Terminator. La gente adolece de una debilidad terrible por la tecnología. Piensan que las máquinas pueden hacerlo todo mejor que las personas. Pero esto no es cierto para las artes. Una máquina jamás será capaz de tocar música como Skip James. Skip James era un auténtico genio y su música jamás podrá ser recreada por una máquina. Pero a demasiados los han convencido ya de que tipos como David Bowie son grandes genios. En realidad, la música de David Bowie sí podría ser fabricada por máquinas en algún momento. No sería algo irrealizable. Si un ordenador puede vencer a Kasparov, ¿cómo no va a poder componer el Hunky Dory? Creo que les tengo miedo a tales desarrollos y soy de la opinión de que el espíritu humano es el principal elemento que uno quiere buscar en una grabación. ¿Hay alguien expresándose ahí? ¿Me conmueve? Todo lo demás es astucia y comercialismo.

Habéis hablado en repetidas ocasiones, y otra vez con el propósito de señalar las influencias de éste nuevo disco, sobre el impacto que el blues y otras formas de música afroamericana primitiva han tenido en los Wave Pictures. ¿Por qué piensas que el blues ha atraído históricamente a generaciones de chicos británicos, como la tuya, más que a sus coetáneos en Estados Unidos? Tan sólo hay que recordar cómo artistas de la talla de los Rolling Stones, Eric Clapton, Peter Green o Alexis Korner son considerados los salvadores últimos del blues en la década de los 1960s.

Creo que eso tiene más que ver con la segregación racial que existía en Norte América, en absoluto con la música.

Ya habiendo experimentado con los álbumes de versiones, como hicisteis con el Artistic Vice de Daniel Johnston en 2014 durante una grabación y tour de dos semanas bajo la iniciativa de Houston Party “We Used to Party”, ¿habéis pensado alguna vez en publicar una colección de vuestros favoritos del folk norteamericano? Si es así, ¿cómo quedaría el track list potencial? He oído que lo intentasteis con el England’s Newest Hitmakers de los Stones, por ejemplo, que incluye algunos temas bluseros en sí mismo.

Robert Johnson me parece que tiene canciones verdaderamente extraordinarias, su poesía es excepcional y misteriosa. Eso además de sus no menos extraordinarias, supernaturales habilidades vocales y guitarrísticas. Se me ha pasado por la mente a menudo versionar su obra, pero en lugar de ello, me acaba inspirando para escribir mis propias canciones cuando lo escucho.

The Wave Pictures han sido tildados recurrentemente de grupo que escribe canciones para fans de escribir canciones, refiriéndose a la frecuentemente abstracta, melancólica y compleja naturaleza de tus letras. Cualquiera desde una perspectiva externa estaría de acuerdo en pensar que una suerte de motivación oscurantista es palpable en Bamboo Diner in the Rain, pero como la mente creativa tras las mismas, ¿qué dirías que ha cambiado en la manera en que compusiste los temas para este largo, en cuanto a estilo y temática?

No, yo no escribo canciones para fans de escribir canciones. No las escribo para nadie. Las escribo para mí mismo. Es casualidad que luego a alguien le gusten.

Cuando estás escribiendo, no puedes pensar en lo que los demás piensan o te saldrá todo mal. Ya es suficiente hazaña intentar acertar para ti mismo. Te haces adicto a ello, y es todo lo que hay. Entonces, a posteriori, es bueno si a la gente le gusta, pero no es lo fundamental. Además, tampoco tengo ninguna motivación oscurantista. Sólo tengo motivación para escribir canciones. Pones todos tus huevos en el cesto, depositas toda tu concentración en ello e ignoras todo lo que pueda interponerse en el camino. Y mientras consigas ignorar todo lo que pueda pararte es muy fácil y placentero. Todo el mundo quiere ralentizarte con teorías y trabajo. Así es la gente. Pero mientras te concentres, es fácil. No es nada difícil. ¡Es un gran placer! Sólo debes bloquear todas las voces externas, y a partir de ahí es como abrir un grifo y dejar caer el agua. ¡Abro el grifo de componer y ahí van las canciones!

Sin embargo, para escribir canciones se necesita soledad y contemplación, y creo que con la cantidad de tiempo que la gente pasa en Internet a día de hoy, y con Internet hasta en los móviles, no habrá soledad para la gente, ni tampoco buenas canciones, consecuentemente. A mí me gusta dar largos paseos por la ciudad. La soledad es el precepto más importante a la hora de escribir canciones.

Y tengo soledad. He sido capaz de hacer grandes avances en la canción. He cambiado la sintaxis de la composición de canciones en su totalidad. Rompí todas y cada una de las reglas en lo que a escribir letras se refiere. Siempre lo hice. Nadie lo hace como yo lo hago. Soy mejor poeta que Bob Dylan. A los 14 años era mejor escribiendo letras que Bob Dylan. A esa edad ya estaba convencido de que había que quebrar la forma. Había que quebrar la forma para darle vida. Lo que se quiere obtener no es un reflejo de la vida, sino algo tan vital como la vida misma, que en sí mismo respire y sea tan real como cualquier cosa dentro de la realidad. No una fotografía de la vida, sino la vida. La verdad. Nadie llega ni a rozar mis letras. ¡Ni siquiera las entienden!

Tres de diez de las pistas en Bamboo Diner in the Rain sobresalen por su personalidad sónica más alejada del blues: “Bamboo Diner Rag”, “Meeting Simon at the Airport” (la única pieza instrumental del álbum entero) y la que da título al disco, “Bamboo Diner in the Rain”. ¿Por qué considerasteis adecuado colocar estos temas más folk, incluso reminiscentes a la tradición de los Apalaches, en el contexto de un álbum que es, por otro lado, directo en su apología del blues más eléctrico?

Quería que el corazón emocional del álbum fuera instrumental, que el oyente focalizara en lo que la guitarra cuenta, inducirlo a escucharla como si fuera una voz. Personalmente creo que funciona, aunque no sé si los que lo escuchen pensarán igual. El corazón del álbum es “Meeting Simon at the Airport” porque es la más conmovedora, el momento más emotivo. Ese es el corazón. Fue un experimento, y me gusta experimentar y lanzar los experimentos.

Si el corazón del álbum es “Meeting Simon at the Airport”, el alma es “Bamboo Diner in the Rain”. Todo el largo transcurre en la canción. Es la que bautiza el disco. Presenta la llave de todo lo que se ha desplegado anteriormente. Es una canción preciosa. Misterio y emoción.

Por lo que a “Bamboo Diner Rag” respecta, es totalmente real para mí. Supongo que quizás no se consideraría blues pero, de hecho, sí que lo es. Es blues en el estilo ragtime del Reverendo Gary Davis. Blues de la costa este, tipos como Blind Blake, Barbecue Bob y Sylvester Weaver hacían muchas cosas así. Creo que lo clavamos. Me encanta esa pieza. Estoy muy orgulloso de ella. Si quieres saber más, hay un recopilatorio muy bueno titulado The Raugh Guide to East Coast Blues.

Abrimos algo dentro de nosotros mismos con este álbum, y nos encontramos con que había mucho más de lo parecía. No creo que nadie haya logrado construir semejante instrumental con el tipo de canciones que nosotros hacemos. Es un disco completamente original, cosa que, me estoy dando cuenta, ¡a nadie le interesa en lo más mínimo!

Un video sublime para “Now I Want to Hoover My Brain Clean”, Segundo single del álbum, también se lanzó no hace mucho. Algunos de los clips más populares de los Wave Pictures encapsulan ideas muy sutiles y conceptualmente inteligentes en un formato lo-fi y rústico (el de “I Love You Like a Madman” viene a la mente en seguida como ilustrativo ejemplo de ello). ¿Hasta qué punto os involucráis en el proceso creativo de realizar estos videos?

Odio los videoclips. Para mí, son un insulto al formato artístico musical. Cuando te compras una novela, no te vienen un CD de música para que lo escuches mientras lees. ¿Por qué debería la música tener vídeos? Es como decir que no es lo suficientemente interesante por sí sola, que necesitas una película para que no te aburra. Los odio. Aparezco en ellos únicamente por ser amable y por colaborar. No me interesa cómo son ni me gusta verlos. Si te gusta uno, es mérito del director, no mío. E igual si no te gusta. Desearía que no existieran, no sólo para nosotros sino para todo el mundo. Personalmente, me gusta escuchar música sin una película que lo acompañe. O si no, ver una película de verdad.

¡Se anunció que tocaréis en el Primavera Sound 2017! El cartel de ésta próxima edición ha supuesto una sorpresa imbatible para algunos y una pequeña decepción para otros. Me han dicho que a vosotros no os vuelven locos los festivales como espectadores pero, ¿tenéis ya alguna opinión al respecto? ¿Ganas de ver a alguna banda en concreto?

No me gustan los festivales porque creo que deberían ser gratuitos. Creo que la idea de los festivales debería ser la de eventos abiertos a la comunidad local. En lugar de eso, son terriblemente caros. Me da la sensación de que se ha comercializado una bonita idea hippie fuera de todo reconocimiento. Creo que la gente está siendo saqueada, atracada a plena luz del día. No existe ningún espíritu comunitario en los festivales, sólo hombres con dinero vendiendo el ideal caído de Woodstock a nuevas generaciones.

Y, por último, pero no menos importante, y como Nardwuar the Human Serviette preguntaría, ¿por qué debería a la gente importarle the Wave Pictures?

No debería de decirlo yo. ¡No puedes rogar a la gente para que les gustes! Puedo darte mis opiniones, pero no tienen mayor valor que las de cualquiera. De verdad me encantan los Wave Pictures. Creo que somos autentica y totalmente y originales, un grupo de genio excepcional. Me parece que todos los demás están llenos de mierda. Les sale la mierda por las orejas, están tan llenos de porquería. The Wave Pictures son los genuinos. Totalmente honestos. Pura genialidad. Pura innovación e invención. Creo que somos verdaderos artistas, magos, chamanes, hechiceros. Dioses. Pero esto es sólo mi opinión.

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