1971: The Rolling Stones – Sticky Fingers (Virgin)

Los discos que cambiaron nuestra vida

One day I woke up to find
Right in the bed next to mine
Someone that broke me up with a corner of her smile
“Sway”
(Jagger/Richards)

Solía escuchar discos con mi tío durante horas. Tardes enteras dedicadas a ello, durante años. Recuerdo aquellos días de constante descubrimiento frecuentemente, nunca me he sentido más conectado a la música.

Siempre he sido bastante anárquico y volátil con mi selección de escucha, lo que solía sacar de quicio a mi compañero de afición. Mientras el proponía escuchas temáticas, yo saltaba de un estilo a otro sin demasiado sentido, pero buscando inconscientemente algo que me emocionara,  y me impactara, y si un disco no lo conseguía, quizá pasar de Paco de Lucia a Kraftwerk lo hiciese.

Una tarde, mientras yo soltaba una de mis habituales peroratas sobre lo grandes que eran Jefferson Airplane, los Fab Four y el movimiento Hippie en general, supongo que se cansó.

Buscó y encontró Sticky Fingers, y lo puso en el tocadiscos.

Evidentemente, cambió mi percepción. Fue una experiencia catártica, y de repente, todo cobró sentido. Aquel disco era exactamente lo que yo estaba buscando sin saberlo, algo salvaje, honesto, sucio. Real.

Es fácil comprender el impacto que una canción como “Brown Sugar” puede causar en el neófito. La combinación de Keith Richards con ese brutal riff marca de la casa, Jagger con su característico alarido, y el impecable fraseo de Bobby Keys (pieza fundamental en el sonido del álbum), es demasiado poderosa como para permanecer indiferente. Toda la canción transmite peligro, agresividad, transgresión. Todo lo que hace que el rock sea rock, resumido en un sólo corte.

Al principio, tenía cierto reparo en escuchar el disco entero. Temía que no estuviese a la altura de su primera canción. Evidentemente, tras un par de escuchas, me dí cuenta de que Sticky Fingers era mucho más que “Brown Sugar”.

Un especialmente inspirado Mick Taylor, recién salido de los Bluesbreakers de John Mayall, venía a ocupar el puesto del fallecido Brian Jones. Hace sentir su presencia en algunos de los mejores cortes del álbum, como “Sway”, o sobre todo,  “Can´t You Hear Me Knocking”, donde todos los excelentes músicos parecen estar en estado de gracia durante los siete minutos de desarrollo instrumental del tema.

Y si “Sway” es uno de los mejores medios tiempos de la carrera de los Stones, “Wild Horses” probablemente sea el mejor. Jagger se desgarra, y hiere al que lo escucha, acompañado por Ian Stewart al piano. El resultado es demoledor.

“Bitch” recupera el recupera el descaro y la frescura de los sesenta, con un ritmo frenético y un trabajo colosal de Watts y Wyman, mientras que, “Sister Morphine” (con un gran Ry Cooder), “I Got The Blues” y “Dead Flowers”, son brillantes acercamientos a la música con raíces a la que siempre han rendido tributo, además de servir de perfecto contrapunto de los temas más veloces.

Un disco sobre sexo (interracial), drogas (cualquiera de ellas), y mucho y muy buen Rock & Roll, ineludible y seminal.

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