Se cumplen 30 años. Un mes de diciembre de 1990 se editaba Senderos de Traición, no solo el segundo trabajo de Héroes del Silencio, sino el álbum que marcaría el rumbo del grupo aragonés hacia el mayor de los éxitos, antes de que terminaran convirtiéndose en leyenda.
Enrique Bunbury, Juan Valdivia, Joaquín Cardiel y Pedro Andreu venían del convincente debut El Mar No Cesa, publicado en 1988. Un disco que les pondría en la picota gracias a singles como «Mar Adentro» y «Héroe de Leyenda», convirtiéndose en herederos de la tradición ochentera nacional, con un pie en la Movida y otra en el postpunk. Con Senderos de Traición dejaban atrás todo aquello y sustentándose en ese poderoso directo con el que ya habían empezado a dar que hablar, daban un paso de gigante para empezar a postularse como el grupo de rock más grande que ha tenido nuestro país.
Héroes del Silencio lo tenían todo para conseguirlo, en primer lugar la imagen, que mutó de ese look ochentero de sus comienzos, al de rockeros góticos con sus melenas, sombreros, pañuelos y ropas oscuras, tendencia muy marcada en bandas como The Cult, The Mission o Sisters Of Mercy, a cuya música también se acercarían en ciertos preceptos. Y en segundo lugar y más importante, tenían las canciones. Una colección que pronto haría olvidar sus convincentes primeras entregas, gracias a su consistente armazón, un corazón mucho más rockero, con angulosas guitarras postpunk, una base rítmica contundente y un frontman que era un verdadero huracán dentro y fuera del escenario.
El épico adelanto de «Entre dos tierras» abría la puerta a todo lo que estaba por venir; un disco que marcó una época gracias a esas canciones tan certeras genialmente producidas por el Roxy Music Phil Manzanera, que conseguía captar ese alma de directo para que el disco se convirtiera en toda una celebración comunal para cantar voz en grito. Héroes del Silencio se habían convertido en una perfecta fábrica de himnos cada día entonados por un mayor número de seguidores dentro y fuera de nuestro país. Unas letras llenas de simbolismo y peculiares imágenes que construían en sí mismas un lenguaje propio que se ha quedado para siempre con nosotros.
«Maldito Duende» era otro de sus aciertos, como también los aires a lo The Cure de «La Carta», la apasionada «Malas Intenciones» o los caminos que nos invitaba a descubrir «Senda». Todo casa en un LP que ha envejecido con solera y que también contenía interesantes momentos como la invitación sideral de «Hechizo», la apasionante «Oración» o la bonita «Despertar», ese perfecto puente con El Mar No Cesa. También queremos recordar el crescendo final de «Decadencia» -un momento imborrable en sus conciertos-, como también «Con nombre de guerra», esa canción que tanto nos recuerda a futuras aventuras de Bunbury ya en solitario o la más oscura «El Cuadro II».
Volver a reencontrarse con Senderos de Traición 30 años después juega a su favor, vuelve a situarlo en la cima absoluta de una carrera intachable que algunos tuvimos la suerte de vivir junto a ellos.



















