Migala eran diferentes; el reverso intelectual y cinematográfico de aquel primer indie nacional. Surgidos en Madrid a mediados de los noventa, el colectivo liderado por Abel Hernández junto a los hermanos Coque y Diego Yturriaga, convirtió el folk sombrío, el post-rock y la literatura en un lenguaje propio que se alejaba de los habituales referentes de sus compañeros de generación.
Sus discos, densos, melancólicos y repletos de referencias culturales, funcionaban como pequeñas películas nocturnas atravesadas por el spoken word, la instrumentación quebradiza y una tensión emocional poco habitual por estos lares. Ellos no miraban a Pixies, Sonic Youth o The Jesus and Mary Chain, miraban más a las atmósferas de Tindersticks, Smog o Will Oldham, apostando por la introspección, pero tambi y el riesgo.

Tras una carta de presentación como Diciembre, 3 a.m. (Acuarela, 1997) y la reafirmación del sentido Así Duele un Verano (Acuarela, 1998), llegó el disco con el que cambió todo. Arde (Acuarela, 2000) no fue un éxito comercial apabullante, ni vino acompañado por maratonianas giras, pero sí fue una de esas pequeñas victorias que colocó al grupo en el radar internacional, resonando no solo en Europa (en Francia tuvieron siempre buena acogida), sino también en EEUU, donde llegaron impulsados por Stuart David (Belle & Sebastian/Looper), quien les facilitó que Sub Pop les distribuyera e hicieran una gira no mucho después.
Arde vuelve a las tiendas de discos en vinilo y en una edición remasterizada desde cero recuperando los proyectos originales de Cubase de 2000 y realizando un nuevo mastering pista por pista. El resultado es un sonido más claro, abierto y potente, especialmente en las bases rítmicas, manteniendo intacto el carácter cálido y orgánico del original.
Catorce canciones que fusionan post-rock, folk anglosajón y raíces de la tradición española, dando forma a su trabajo más cohesionado -después llegaron Restos de un incendio (Acuarela, 2002) y La Increíble Aventura (Acuarela, 2004)-. Con la participación de Nacho Vegas aportando guitarras distorsionadas, los coros de Aroah o los teclados del ex Sr. Chinarro David Belmonte, transitaremos por un viaje que desde la pieza instrumental de apertura, la fronteriza «Primera parada» hasta el tema titular, mantiene una vigencia arrolladora.
Momentos como la mágica «Times of Disaster», la dolorosa «The Guilt», la nocturna «Fortune’s Show Of Our Last» o las brumosas «La Noche» y «La Espera», siguen ardiendo y conmoviendo como lo hacían hace 25 años abriendo la puerta a un territorio donde la complejidad no está reñida con la belleza.


















