Aries – Adieu or die (La Castanya / K Records)

Isabel Fernández (Electrobikinis y Charades) inició hace cuatro años una trayectoria en solitario bajo el alias de Aries que ha dado como fruto, hasta la fecha, tres discos: La Magia Bruta (Bcore, 2012), Mermelada Dorada (La Castanya, 2014) y este Adieu or Die (La Castanya, 2016), que en Estados Unidos ha contado para distribución nada menos que con el mítico sello K Records. En este tiempo Isabel ha dado muestras de su ya contrastada facilidad para crear melodías mágicas y ambientes luminosos, pero también ha ido derivando hacia una sorprendente vinculación con la psicodelia y la electrónica que ha explotado definitivamente en su tercer trabajo.

La evolución en estos tres discos ha sido clara y muy coherente: desde el pop clásico con influencias de los 60 y fragancias lisérgicas, ha ido apostando cada vez más por los sonidos psicodélicos y electrónicos hasta que, en Adieu or Die, ha creado una maravilla que trasciende todos los géneros mencionados. Además, con el mérito añadido de que la propia Isabel se ha encargado de todo: voces, sonidos, guitarras y sintetizadores. Si en Mermelada Dorada ya la comparábamos con los Animal Collective más melódicos, los de Merriweather Post Pavillion, aquí podríamos decir que Aries se supera a sí misma incidiendo en la misma propuesta musical pero, además, dotando al disco de un contexto específico que incrementa la brillantez de la música.

El disco se abre y (casi) cierra con dos piezas llamadas “Lágrimas” que sirven perfectamente para el propósito de enmarcar Adieu or Die en un entorno, en una atmósfera acuosa en la que la persona se diluye en sus propios pensamientos (“Memorias”, “Nuestra casa”), se funde con la naturaleza (“Nieve de noche”, “En el océano”) o incluso con la propia música (“La fuerza del sonido”). Las canciones dejan de ser tales, con estructuras reconocibles, y se disuelven también hasta formar un río que va fluyendo entre bucles de sonidos, capas de voces superpuestas y ambientes sintéticos llenos de buenas vibraciones.

Para el final, como ya hizo en su anterior álbum, Aries construye una especie de epílogo, la canción que da nombre al disco, que se alarga hasta los 11 minutos y que, salvo una introducción hablada, entresacada de una entrevista a Maruja Mallo allá por 1977, es totalmente instrumental. Una despedida de las que producen alegría y tristeza a la vez: la tristeza por el final de un camino, y la alegría por haberlo recorrido.

El disco que hubiesen firmado Vainica Doble si se hubiesen formado en la California del verano del amor.

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