Belle and Sebastian llegaron a nuestra vida supliendo el vacío que habían dejado The Smiths y lo llenaron con su pop elegante, delicado e introspectivo. Stuart Murdoch no imitaba a Morrissey; lo continuaba desde otro ángulo, más pudoroso, más coral, con esa voz frágil que parecía a punto de quebrarse en cada verso. If You’re Feeling Sinister (1996) fue el primer capítulo de nuestra relación ya longeva con los de Glasgow, que poco después nos sorprendían con una precuela desconocida llamada Tigermilk (1996) y con ese The Boy with the Arab Strap (1998) con los ya se convirtieron en una sólida entidad.
Este año celebran tres décadas de ese disco capital en el que convivían el folk luminoso de Simon & Garfunkel con la sombra alargada e inevitable de los de Morrissey y Marr. Diez canciones que respiraban un pop de cámara delicado, casi susurrado con el que nos hablaban de esas historias cotidianas en las que nos veíamos tan reflejados.

Es momento de echar la vista atrás y volver a esa peculiar forma de entender la música, con esa cercanía y humildad: «después de tabto tiempo algunos tendréis trabajo, incluso habréis venido con vuestros hijos» y de recuperarlo con la maestría del camino recorrido, con un sonido prístino y sobrecogedor que nos llevó de vuelta al principio de muchas cosas. Desde «The Stars of Track and Field» y su epifanía sentimental, pasamos por poco más de cuarenta minutos por todos sus recordados capítulos. Bailamos con la punzante belleza de «Seeing Other People» y esa genial «Me and the Major» sostenida por la armónica de Stevie Jackson.
Entrados en materia llegamos a ese clásico inmortal, «Like Dylan in the Movies», bañado en su aura cinematográfica; a «The Fox in the Snow», nana que es, sencillamente, una de las canciones más bellas que ha dado el pop escocés y de ahí a «Get Me Away From Here, I’m Dying», joya de las joyas que suena como una carta de despedida y, al mismo tiempo, como la banda sonora perfecta para seguir aguantando un día más.

Entre canciones, Stuart Murdoch hacía sus habituales comentarios y coincidiendo con el anochecer, la luna creciente y unos murciélagos que pasaban por ahí terminó pronunciando un «She’s got it» que el público siguió y coreó un «Yeah, baby, she’s got it» al que la banda terminó uniéndose para interpretar juntos el estribillo de esa popular «Venus» de Shocking Blue. Momentos mágicos que sumar a una noche mágica que continuaban con la titular «If You’re Feeling Sinister» delicada letanía al borde del precipicio sentimental.

Siguieron, ya lo saben, la bonita «Mayfly», una «The Boy Done Wrong Again» más que deudora de la escuela de Manchester, con ese título que ya es casi un homenaje y una «Judy and the Dream of Horses» como fiesta final con Stuart luciendo una careta de caballo. Quedaba un set de grandes éxitos, pero lo que encontramos fue mucho más interesante. Una selección de piezas esperadas, pero también mucho menos habituales con las que seguir deleitándonos.

Con «Electronic Renaissance» nos recordaron que sus comienzos con Tigermilk (1996), lejos de ser solo una banda de guitarras acústicas y canciones sensibles, también tenían querencia por las cajas de ritmos; recuperaron el Northern soul a lo Phil Spector de «Dirty Dream Number Two» y demostraron que Stevie Jackson también bordaba la melancolía en momentos como esa «Seymour Stein» en la que narraban el encuentro frustrado con el legendario fundador de Sire Records.

Stuart Murdoch ejerció de Stuart Murdoch bajándose a cantar entre el público la delicada «Lord Anthony»; nos habló de un amor que duró cuatro meses dando paso a ese himno que es «Another Sunny Day», y completaron la celebración con una selección del respetable acompañándoles sobre el escenario para cantar y bailar «The Boy With the Arab Strap» y «I Didn’t See It Coming».
¿Saben esos conciertos en los que se conjuran no se qué astros y todo adquiere una perfección idílica? Este fue uno de ellos.
Fotos Belle and Sebastian: Fernando del Río



















