Black Lips – Teatro Lara (Madrid)

Aprovechando su visita a la Península Ibérica con motivo de su participación en el cartel del Primavera Sound, tanto en Barcelona como en Oporto, el grupo más gamberro de Atlanta hizo antes de anoche escala en la Capital, bajo el amparo del ciclo SON Estrella Galicia y con la excusa de la presentación de su último trabajo, Arabian mountain (Vice, 2011)
Últimamente va consolidándose el Teatro Lara como lugar en el que se desarrollan conciertos musicales de grupos de carácter no mayoritario y si bien es cierto que el lugar tiene un vetusto encanto que puede ser ideal para la presentación de ciertos proyectos de tipo acústico u orquestal, lo cierto es que no parece ser el lugar ideal para el desarrollo de determinados tipos de conciertos en los que predomina la energía y el bullicio, lo que anoche pudimos comprobar todos y cada uno de los asistentes a esta actuación, cargada de energía y desenfado.
El ambiente se fue caldeando de inicio, al no respetarse sobradamente el horario previsto y mantener retenido previamente al respetable en un asfixiante hall, por poco ventilado. Finalmente nos dispusimos a ocupar nuestros correspondientes asientos (sí, asientos para ver a un grupo de garage, tal y como suena) y un servidor tenía serias dudas de que la gente pudiese asistir a semejante concierto impasibles en su butaca, lo cual tardó poco en confirmarse, ya que aprovechando que algunos compañeros de la prensa gráfica se situaban a los pies del escenario, con el inicio de la actuación los más acérrimos seguidores comenzaron a agolparse junto a ellos y eso obligó al resto de los asistentes a levantarse de sus butacas para recuperar la visibilidad; hasta aquí, lo previsto. Lo que no estaba tan claro es que fuese a tener lugar  el surrealista espectáculo posterior: poco a poco se fue pasando de las subidas aisladas de algunos espectadores con cierto afán de notoriedad y ganas de saltar sobre el resto de asistentes… a una autentica invasión del escenario con motivo de la interpretación del tema “Bad kids”, que aunque no pareció importarles demasiado a los miembros del grupo, terminó con la paciencia de los dos veteranos miembros de seguridad contratados por la organización esa noche, que se afanaron en despejar el escenario a base de leves empujones y  alguna que otra persecución sobre las tablas, más digna del Show de Benny Hill que de cualquier eficacia profesional.

A partir de ese momento, el concierto ya no fue lo mismo y hubo cierta gente más preocupada en tomar el pelo y vacilar a los agentes de seguridad que en atender al espectáculo, tanto que llegado el momento, desde un lateral hubo alguien de la organización hizo señales al grupo de que debían terminar su concierto tras poco más de 45 minutos de actuación, aunque sorprendentemente, los cuatro miembros del grupo volvieron a salir en escena para interpretar tres temas más en el correspondiente bis, si bien es cierto, que de forma muy sosegada y casi “sin hacer ruido”, valga la redundancia.

En cuanto a lo estrictamente musical, el grupo comenzó algo apático, quizás las tres actuaciones previas en la Ciudad Condal (y sus consiguientes juergas posteriores) les habían pasado algo de factura, pero según se fue desarrollando el concierto, parecieron entonarse y eso se notó tanto a nivel sonoro como en actitud sobre el escenario; a lo largo de la noche alternaron temas de su reciente último trabajo con algunos de los anteriores, desatándose la locura con los temas Good Bad Not Evil (2007), en especial con un coreadísima “O Katrina!” o con “Cold hands”, aunque recientes temazos como es el caso de “Raw meat” estuvieron a su altura. Aunque sin duda, el tema por el que siempre será recordado este concierto, será Bad kids debido a los sucesos ya mencionados durante su interpretación.
Destacar la buena sintonía que supo crear la banda con los asistentes más próximos a la platea, bromeando e interaccionando constantemente con ellos, hasta el punto de llegar a compartir con el público una botella completa del Jack Daniel’s, que fue circulando de morro en morro  hasta que su contenido desapareció por completo.

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