Daniel Romano – Come Cry With Me (Normaltown Records)

Lo primero que llamará la atención de cualquiera sobre el disco es la portada. En ella aparece el artista luciendo una inenarrable americana de motivos florales, un enorme sombrero de cowboy que solo un vendedor de vehículos usados en un videojuego sabría lucir con gracia y, para rematar la jugada, un bigotón de modernillo que parece querer advertir que ahí uno solo se encontrará con un disco de country irónico (casi un género por sí solo). Solo la seriedad y determinación de la mirada de Daniel Romano en esa foto dan las fuerzas necesarias para atreverse a perder el tiempo con él. Pero el caso es que más tarde, una vez terminada la primera escucha, uno cae en la cuenta que donde antes solo veía la omnipresente ironía era en realidad un sentido homenaje a las portadas habituales de la época heroica del country durante los años cincuenta, con nombres ya míticos como Hank Williams, Marty Robbins, Patsy Cline o el primer Johnny Cash.  

Así pues Come Cry with Me es realmente un disco sincero en sus referentes. Nada de cuentos de relecturas, nuevos enfoques o adaptaciones a la actualidad. Daniel Romano ha sacado un disco de country ortodoxo en su ejecución, mayoritariamente acústico, principalmente con la steel guitar añadiendo violines, la percusión ligera de fondo, segundas voces y poco más. Solo en la última canción, grabada en vivo, se permite aflojar y permitirse un sonido indie-folk más acorde con alguien que aún anda lejos de los treinta. Pero su absoluto desprecio en este trabajo a todo lo que ha acontecido en la música desde que Hank Williams se pasara con la aguja no debe suponer ningún impedimento para que cualquier buen aficionado al folk acceda a darle una oportunidad. Poco importa que uno no sea un gran seguidor del country más puro, cualquiera que le guste la primera época de los Wilco está más que capacitado para disfrutar de este disco.

Por cierto, de nuevo la portada no deja entrever la fuerza y suavidad de la voz de Romano. Un crooner que sabe llegar hasta la nota adecuada y el verso justo para volver a demostrar que pocos géneros saben tocar tanto la fibra más sensible como el country.

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