Derrick May/François Kevorkian/Circulation… – Razzmatazz (Barcelona)

Primera objeción: ¿porqué castigar a los aficionados a la música programando a Derrick May a las 4 y pico de la mañana? Segunda objeción: ¿porqué se organizó una sala para VIPS (quien había allí, ¿Nelson Mandela?), que segregó a la mayor parte de la audiencia, que es la que justifica este y cualquier concierto? Tercera objeción: ¿porqué malgastar nuestras retinas con un aparato visual digno de la novela 1984 de George Orwell? Cuarta objeción: ¿porqué, una vez dispuestos nuestros sentidos para disfrutar del último techno de Detroit junto al señor May, la organización nos obliga a soportar un vergonzoso desfile de go-gós?

Cualquier mala crítica quedaría, de todas formas, aplacada si este acontecimiento hubiera dado más de sí en lo artístico: François Kevorkian, conocido por su exclusiva amistad con Kraftwerk pinchó mediocre y apáticamente. Y Circulation no son nada del otro mundo, al igual que Layo & Bushwacka. A día de hoy, el sentido del techno-house es puramente funcional, y ha llegado a un punto en que tal música muy poco tiene que ofrecer.

Y ahora me centro en Derrick May. Sigue siendo un goce saber que todavía hay alguien que pincha con corazón y genuinidad, sin importarle el contexto. “Va per feina”, como se dice en Cataluña, y ofrece lo que en él es conocido: expresividad, clásicos del house, enigmáticas novedades (tribalismos, teclados emotivos, rítmica creativa: puro Detroit) e infinitas combinaciones con los bajos y los graves, estrujados desde la mesa de mezclas. Un gran DJ, y representante ideológico de una utópica idea del techno.

Sin embargo, la consabida aureola de genio que se le ha impuesto debe ser discutida, como mínimo hasta que cree más música. Sin quitarle mérito ni su carrera, ni a su histórico y mágico sonido, ni a su activismo crítico, May debería enfrentarse a una (su) realidad: vive del cuento. Algún día, nos gustaría verle hacer un concierto de verdad y nos gustaría escuchar su nueva música (escribió su última canción en 1990).Y si, con razón, tanto aborrece el mundo que gira alrededor del business del dance (moda, actitudes miméticas), ¿por qué no intenta algo realmente diferente, teniendo en cuenta que en su maleta anida el germen de la revolución musical? May fue reconocido por su trayectoria, en el pasado festival de jazz de Montreux, y ya va siendo hora de que se ponga manos a la obra para justificarse ante los ojos críticos. La vía free-techno adoptada por Carl Craig puede darnos alguna pista, quizás…

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