Luis Gónzález es de esos artistas que te cogen a alguna vaca sagrada de la música y le hacen un trampantojo. Que si hay que jugar con las canciones de Prince, Zappa, Depeche Mode o Sinatra, pues se hace sin miramientos. Esa es la filosofía insobornable de uno de los más grandes músicos que -siempre desde los márgenes, esquivando los dramas llorones, pero tampoco romantizando la precariedad- tenemos en el underground estatal, el de verdad.
Junto a él llevan un tiempo colaborando en formato trío tanto Irene Villar Tiermersma como Santi Serrano, otros dos activistas de la insubordinación sonora. El primer disco de TRG lo titularon La Grande Pastèque (2024), un excelente disco de canciones propias, y se inspiraron en la icónica portada del Bossanova de los Pixies para cambiar el planeta tierra por una sandía. Posiblemente Vaughan Oliver hubiera puesto el grito en el cielo, aunque tomarse mucho en serio la vida es de ser aburrido y gris.
Para su segundo asalto pusieron el listón bien alto: ¿por qué no hacemos un disco con versiones de la Creedence Clearwater Revival en plan tecno? Y uno se los imagina esos días, hasta la gestación del disco, con sus cabezas bullendo de ideas bizarras, compartiendo archivos de audio y fotos -a Luis le dio una buena temporada por compartir en sus RRSS descacharrantes experimentos con imágenes generadas con IA-, así como chistes y chascarrillos. TRG se acercan al acto creativo desacralizando esa aura elitista – y sobre todo sustituyendo lo de “auténtico” (epíteto vinculado a todo lo que huela a rock’n’roll) por trans(mutante)-, y justo ese aspecto es lo que hace hace que su cosmología sea un espacio propio e insobornable, partiendo del absurdo, la combinatoria y el dadá, y acabando por ser una de las propuestas pop más excitantes del momento.
Para este homenaje a su manera (claro) a la CCR han escogido como arte de portada una fotografía en la que aparecen los tres posando -en una especie de teatro del absurdo- a la manera del Cosmo’s Factory (1970), ese mítico disco de rock fibroso y pantanoso que firmaron los hermanos Fogerty y compañía. De nuevo, una imagen icónica que es subvertida: Luis vestido con un albornoz y unas pantuflas mira a cámara serio, con gafas de sol y sosteniendo un libro o una agenda o vete a saber qué; Irene montada en la bici también mira al objetivo con cara de aburrimiento, y sus labios rojos contrasta con la imagen original (y anodina) de un Doug Clifford que, para aquellos años, resultaría ser muy gracioso; a su vez, el rostro de Santi está tapado por un pañuelo, unas gafas de sol y algo que le sobresale de la nariz. El fondo es bastante parecido, y el letrero de “3rd GENERATION” invita a pensar que la IA hace milagros, sí, desde luego.
Dejando a un lado las bondades de este Trombos Factory (Caballero Reynaldo Producciones Psicotrópicas, 2026), una de las cosas que más me gusta es que subvertir el canon del rock es fascinante, y hacerlo a ritmo de tecnopop no tiene precio.¿Que las máquinas no tienen corazón? Venga, va, pasamos palabra.
En este conjunto de canciones recopiladas han optado por los primeros seis grabados para su disquera de siempre Fantasy: del elepé homónimo hasta el Cosmo’s Factory -se ha quedado fuera el Mardigras-quedan representadas algunas de las gemas más preciadas por los fans del grupo californiano.
Las relecturas son espléndidas. La intro de menos de un minuto de “Proud Mary” con toques orientales sirve de puente para adentrarse en “Born To The Bayou”, en donde los punteos de guitarra -a veces riffs desbocados- a lo Robert Fripp se enredan en loops electrónicos, y la voz de Irene canta y declama con fría sensualidad con ecos a Laurie Anderson. “Looking ‘ Out My Back Door” se deja mecer por arreglos de electropop juguetón con vestigios al grupo belga Telex, mientras que la toma de “Fortunate Son” podría ser un cruce perverso entre Devo y Gary Numan.
Los Sonic Youth grabaron un álbum con el título de “Bad Moon Rising”, y los TRG llevan la canción hacia terrenos de un uptempo cercano a las producciones de William Orbit para Madonna circa Ray Of Light; “Suzie Q” tiene algo de Kraftwerk y una pizca de Neneh Cherry y es una de las más redondas del lote, aunque la tantas veces escuchada “ Have You Ever Seen The Rain” parecía imposible que acabara siendo una pieza de ambient con pájaros trinando, e Irene y Luis haciendo las funciones de una Nancy Sinatra y Lee Hazlewood de un planeta lejano. Una maravillosa bizarrada es esto.














