Dj Krush – La Paloma (Barcelona)

El tener frente a nosotros a un mito viviente no es patrimonio de todos los días. Porque para los que aman el hip hop, DJ Krush, cuyo nombre real es Hideaki Ikashi, siempre será un mito recurrente, una referencia a la que acudir cuando se haga memoria de lo que fue el movimiento en los años 90.

Será poco ortodoxo para algunos (los que no entienden el hip hop fuera de sus estereotipos más convencionales), incomprensible para otros (los que aún no confían en el DJ como transmisor de emociones) y aburrido para un sin número. Pero DJ Krush, que con los años ha logrado concitar entorno a él a un nutrido grupo de seguidores, es todo un maestro del turntablism y llene o no el club, siempre será fiel a su enigmático estilo.

¿Y en qué consiste su estilo? Pues visto lo visto durante la noche del 1 de noviembre en La Paloma barcelonesa, el state of mind del japonés busca, cada vez más, el zen, en tanto que ideal cultural inherente en su país. Para deleite de los aficionados a la música, sus sesiones de DJ buscan las estructuras etéreas, planeadoras y reflexivas cuyo objetivo es lograr ése zen. No es pedantería, sino que es un método para atraer la atención del oyente hacia la música, para demostrarle cuán rica puede ser en sensaciones. Así de sencillo. Su ecuación es la siguiente: combinaciones de jazz oscuro con ritmos hip hop saturados y maniqueos, scratch, leves pinceladas de música japonesa tradicional, y mucha concentración.

Así, en un arranque de sesión arrollador, volvió el Krush que mejor conocemos, a través de discos como “Code 4109” o “Kakusei”: un Krush psicodélico, mezclando con dos platos y dos CD-players, que sonaban al mismo tiempo, jugando con el on-off de la mesa de mezclas y deconstruyendo el scratch para darle un nuevo sentido, más minimalista y detallado, más adicto a los pequeños ruidos naturales, como si fueran cáscaras de avellana quebrando entre los dientes.

Y por lo que se percibió, es indudable que la naturaleza es el elemento de mayor influencia e inspiración para un Krush que a sus 40 años está entrando ya en la edad madura. Reflexiones acerca de sus anteriores y malas vidas (fue un yakuza hasta los veintitantos años en el Tokio de los 80), borrones y cuentas nuevas, y abrazos a las cosas importantes de la vida. Todo esto está implícito en sus últimas sesiones de DJ y en su música. El hip hop estirado hasta sus cotas más vitales.

Se atrevió, incluso, a pinchar “So What” de Miles Davis a las tres de la madrugada, tras haber cargado el ambiente con instrumentales de hip hop surrealista, como en un sueño o como en una buena película manga. Para levitar. En la parte delantera del escenario la gente hizo comunión frente a este semi-dios. Y no sabríamos decir porqué, pero esta sesión olió a despedida. A un “me voy pero volveré cuando me apetezca”. Krush dirá.

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