EELS – Wonderful, Glorious (Vagrant Records)

Sólo el comienzo de Wonderful, Glorious ya vale por todo uno de esos discos que ahora se encumbran con una escucha porque es poco probable que soporte una segunda. Con casi cinco minutos y medio, “Bombs away” abre el décimo trabajo de EELS como la veterana madame abre de par en par las puertas de la casa del placer: bienvenido, aquí no tienes que tener prisa. Aquí paramos el reloj. La canción más larga del LP para comenzar el viaje por el interior del cráneo de Mark Oliver Everett; la canción más larga para demostrar que Mr. E se ha rodeado de la mejor de las bandas con las que ha tocado.

Wonderful, Glorious es, por encima de disquisiciones estilísticas y análisis protosesudos, un disco de esos. De esos de disfrutar y callar. EELS vuelve a las canciones impredecibles, a las carreras nocturnas por el bosque, a no saber por dónde va a salir. Tanto en la confección del tracklist como en el transcurrir de cada canción. Pero también hay espacio para las construcciones ortodoxas, las del camino recto y bien señalado para llegar a tiempo y sano y salvo. Por eso, por el nivel general de las composiciones y por la calidad de los músicos, Wonderful, Glorious es el disco más completo de sus últimos años.

El décimo disco de EELS es también lo más luminoso que se le conoce al protagonista de la más turbulenta, desgarradora y genuina prueba de vida de la escena independiente. “I´m changing up what the story´s about“, canta en “New alphabet”, y no hay nadie que pueda decir esa frase con más verdad. Everett es el transformador, el ´everything´s all righter´: “deep down in the cold ground, such a sad place to be, but I´ll be fine with all the little things I´m taking with me“, confiesa en la cementírica  “I am building a shrine”.

Aunque, ojo, también hay hueco para el hartazgo, y así empieza el disco. “I´m no longer gonna keep my mouth shut“, dice el de Rancho Los Feliz en esa maravilla de rock desplegable con el sello del EELS clásico que es “Bombs away”. Así comienza todo, con el made in EELS bien impreso en la canción, pero mucho más abrigado en matices y fibrado que nunca. Le sigue “Kinda fuzzy”, otro engendro entre el trallazo y la imprevisibilidad de Everett, si cabe más contundente que su antecesora. Y, a partir de ahí, el disco recorre dos estados: reposo y tensión.

En el primero, “Accident prone”, la combativa “On the ropes” o la hermosa “You´re my friend” ponen el contrapunto luminoso a las agrias “The turnaround” (uno de sus mejores medios tiempos), “True original” o la gris lápida “I am building a shrine”. En el segundo, el volumen de “Peach blossom”, “New alphabet” o “Stick together” contrasta con el rock perverso y casi cajún de “Open my present” y el inofensivo pero adictivo pop-rock de “Wonderful, glorious”, tema que cierra el disco.

El disco, extraordinariamente producido por el propio Everett, se extiende en 13 canciones más en la edición deluxe. The brand new EELS bonus tracks, que dice la señora del primer corte. Aunque un poco excesivo, hay más temas interesantes como “Your mama warned you”, otra vez tirando de cierta turbiedad; “I´m your brave little soldier” tira de producción ligera para hacer un cuento de folk; “There´s something strange” y “Happy hour (we´re gonna rock)” cierran amablemente la colección de temas de estudio. El resto son directos más o menos interesantes de 2010 y 2011, buenas interpretaciones de canciones propias (“Prizefighter”, “Spectacular girl”) que, sin embargo, se ven superados en curiosidad por la calmada versión del clásico de The Lovin´ Spoonful, “Summer in the city”.

En conjunto, otro gran disco de EELS. Seguramente uno de los creadores de mundos genuinos con más talento de las últimas décadas.

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