For stars – We are all beatiful people (Acuarela)

Los mejores envoltorios no siempre esconden los mejores regalos. Las mejores intenciones no siempre dan los mejores resultados. Y las mejores influencias no siempre son las mejores fuentes de inspiración.

“We are all beautiful people”, cuarto disco de For Stars que llega a España por la puerta grande de Acuarela, acierta en portada, intenciones e influencias, pero falla en lo principal: claro, el contenido.

Y falla en conjunto (pero no nos pongamos catastrofistas), porque parece como si lo tuvieran “casi” todo para dar en el clavo y se hubieran hecho un lío en el cerebro a la hora de componer canciones y darles forma. La envidiable voz de Carlos Foster, con un juego de falsetes que no parece tener límite, junto a ciertos toques precisos en los arreglos son quizás las dos principales bazas de este grupo de San Francisco.

Pero incluso las cualidades se comportan como un arma de doble filo: la voz se desliza suavemente en los oídos en los temas más rápidos y en los medios tiempos (bonita “In open plains”, recordando un poco al “Commercial for levi” de Placebo, y “Only star”), pero se diluye en intentos emocionales con excesos interpretativos (ejemplificando lo que es una sobreinterpretación) durante las canciones más lentas (“Back in France” o “Beautifully”).

Y si los arreglos hacen de este disco de pop blando (enredado entre Red House Painters, Galaxie 500 y The Magnetic Fields) un objeto curioso y elegante (el ruido industrial de “I got connected” o el solo espacial de “If I could”), también le ponen la zancadilla con profusión de cuerdas o aportaciones que las canciones ni sostienen ni piden (ese piano machacón de “There was a river” con introducción a lo Mercury Rev en “Deserter´s songs).

Si a eso le unes que en sus intentos de alcanzar cierta intensidad se quedan a medias (excepto en el final de “In open plains” y en la acertadísima “Wires”) y que las letras de algunas canciones llegan incluso a sonrojar (amores separados, recuerdos de infancia y corazones rotos), como el influjo post-adolescente de “how it goes”: “Así son las cosas, nena, la gente comete errores, no te asustes, serás una estrella”, pues te quedas con una impresión de haber comido algo rico, pero de haber comido muy poco.

La prueba palpable de la polarización acierto-desacierto llega en “People party”: todo en su sitio por un lado, base rítmica desbocada por completo por el otro. Vamos, que quedarse con cinco temas (tirando por lo alto) de doce que componen el disco (uno de regalo para la edición de Acuarela) no lo convierten en un producto excesivamente recomendable.

Y sí, “If I could” está muy bien, pero… ¿No había un grupo hace años que se llamaban The Lemonheads”?

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