Girls Names + Bellueve – Sala El Sol (Madrid)

La noche comenzó con Bellevue, que le pusieron ganas y nos ofrecieron muy buenos momentos con su mezcla de pop risueño y psicodelia. Fantásticos al abrir y al cerrar, un grupo a seguir próximamente. Esperamos su primer disco, que saldrá en marzo.
Los de Belfast llegaban con su último trabajo calentito, Arms Around a Vision, que ha sido bastante bien recibido en la prensa internacional. La trayectoria del grupo está siendo bastante curiosa; en tres LPs han dado virajes bastante acusados, y el caso es que los tres están bastante bien; se les ve inquietos.

Si bien su primer largo, Dead to Me, se podría incluir en la nómina de bandas que rinden homenaje al jangle pop y al sonido Glasgow de los 80, su segundo trabajo, The New Life, coqueteaba abiertamente con sonidos más oscuros y más propiamente after punk y  les ponía en el mismo punto de mira de otros grupos como Craft Spells o Beach Fossils. Este nuevo disco da otro valiente giro (les habría sido bastante fácil adherirse a la fórmula que tan buen resultado les dio con el segundo) y nos presenta canciones más elaboradas, más complejas; casi todas se pueden dividir en dos o tres partes, dan la sensación de tener planteamiento, nudo y desenlace, o al menos prólogo y cuerpo.
En Arms…tenemos los (en los últimos años) inevitables toques psicodélicos unidos a esa atmósfera gris y apesadumbrada que se gastan, de forma absolutamente convincente, hay que decir. Uno podría pensar en los vaivenes estilísticos que llevaron a The Horrors al grupo que son hoy en día. Si bien en las primeras escuchas el disco es un tanto árido, en directo la práctica totalidad de las canciones se tornan potenciales singles y trallazos de aúpa, ganando mucho (pero mucho) en fuerza. Parece que todo se escuchara mejor, más nítido, más alto, más oscuro, más macarra, más todo.

El sonido acompañó, y se veía al grupo muy consolidado en las tablas, sobre todo a partir de que, a petición de Cully, bajaran las luces blancas y pusieran las rojas y azules, por aquello de la atmósfera.
El concierto se basó casi completamente en su último trabajo, rescatando solo” Hypnotic Regression” del The New Life, y temas como “Reticence”, el flamante nuevo 12″ “Zero Tryptich” (11 minutos de crescendo y no le sobra nada) o “A Hunger Artist” (hitazo, oiga) sonaron increíbles, majestuosas y plenas de fuerza y mala leche. Y todo sonando muy, muy bien.
La batería precisa y sin pausa de Gib Cassidy, el implacable bajo de Claire Miskimmin, que parece haber escuchado con mucha atención a Simon Gallup, y la garra de Phillip Quinn y Cathal Cully a las guitarras (y voz este último)se conjugaron para darnos un conciertazo que, sinceramente, fue mucho mejor de lo que esperaba.

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