Como ya dijimos en nuestra reseña de su último disco, la insólita e inesperada resurrección de Heavenly, banda seminal de eso que ahora se conceptúa como indie pop o, como dicen algunos, twee pop, a raíz de los fantásticos discos y singles que les editó el mítico sello Sarah Records, ha sido una de las más gratas sorpresas del año. Aunque en realidad la banda ya se reunió en 2022 para algunos conciertos, nadie esperaba un regreso discográfico. Y, desde luego, no uno tan bueno como su flamante nuevo álbum, Highway to Heavenly.
Si, además, a todo eso le añadimos la predisposición de sus cinco integrantes a girar por el mundo, con parada de nada menos que cuatro fechas en nuestro país, esto ya constituye el desiderátum para el corazoncito de su afición, que parecía que no, pero estaba ahí, esperando que se decidieran a hacer algo así. Y sucedió de la mejor manera posible: ni por el dinero, ni por la fama que no tienen, ni por ninguno de los motivos habituales que harían que gente que no se ha juntado en 30 años se vuelva a juntar. Sólo por la música y el buen rollo. Algo que fue totalmente palpable en su primera parada en nuestro país: la sala Loco Club de Valencia.
Aun a sabiendas de que el suyo no es un culto masivo, el asunto en la ciudad del Túria tenía trazas de acontecimiento: no éramos muchos, pero sí los necesarios. Un público razonablemente numeroso pese a la torrencial lluvia que caía afuera. Todos dispuestos a encontrar en Heavenly un apéndice de oro al subidón indie experimentado el anterior domingo con todo un Edwyn Collins, que nos emocionó a manos llenas.
Pues eso: no tantos como con Edwyn, pero sí los necesarios para ver reunidos a otros popes del indie. Y además, muy bien acompañados: los encargados de abrir la noche eran Cápsula de Sueños, proyecto de María Ferrando y Paco Tamarit (Serpentina, La Casa Azul), a los que se unió para la ocasión a los tambores Jesús Sáez (Llum, The Standby Connection) y que cabalga entre las atmósferas dream pop de Beach House o The Radio Dept, maridadas con las ensoñaciones de Vainica Doble o el sunshine pop californiano, a los que rindieron un bonito tributo interpretando las canciones incluidas en su EP Tu Mundo de Cristal, o singles como “Universo particular”, sin olvidarse de versionar a las Paris Sisters, con su clásico “I love how you love me”.

Un lujo contar con aperturas así, que los protagonistas de la noche no olvidaron resaltar en cuanto subieron al escenario, al igual que agradecieron a Israel Sánchez, promotor del evento junto a la gente de Tranquilo Música, su afán por traerles de nuevo por aquí. De este modo, los de Oxford, todos con aspecto de estar en su salsa y con ganas de divertirse, empezaron a satisfacer el hambre de sus canciones que todo ser vivo presente tenía.

Abrieron con una píldora urgente e infecciosa como “Portland town”, con la que todo, directamente, entró en órbita. Y de ahí, como decía Buzz Lightyear, hasta el infinito y más allá: inesperadamente bien engrasados, con una base rítmica (gran trabajo el del nuevo batería, Ian Button) tremendamente sólida, a la que las contundentes guitarras de Peter Momtchiloff o los teclados y coros de Cathy Rodgers se pegaban como lapas en un todo que los dos líderes, la pareja formada por Amelia Fletcher y Bob Pursey, se ocupaban de ensamblar del todo.
Amalia es una frontwoman excepcional, dotada de un carisma fuera de toda duda y que desprende autenticidad (de la buena) por los cuatro costados. Cada canción sale por su boca con un convencimiento total: lo vimos en temas nuevos, como “Skep wax”, “Excuse me”, o incluso la versión en castellano de la canción que abre su último disco, la fantástica “Scene stealing”, retitulada “Escena robada”. Esta última sirve, como otros momentos del show, para comprobar el desparpajo y simpatía de esta mujer, a la que sin duda quisieras tener entre tu parentela.

Todos ellos, de hecho, están contagiados de la misma enfermedad: desprenden buen rollo, algo muy de agradecer en los tiempos que corren (no faltaron alusiones a la situación actual de Estados Unidos o a la discriminación LGTBI). Aunque el repertorio está basado -justificadamente- en su nuevo material, no dudan en premiar al respetable con sabrosos rescates del pasado.
No faltan, por tanto, “Press return”, “Trophy girlfriend”, “Space manatee” o las muy celebradas “P.U.N.K. girl” o “C is the heavenly option”, con las que a más de una y uno se les saltan lagrimillas.

Incluso salen de nuevo, tras el obligatorio paripé, a tocar “Dig your own grave” y “Atta girl”, ambas del mítico EP que publicó Sarah allá por 1993 y que también incluía “P.U.N.K. girl”. Dos clásicos ya imperecederos que culminan un reencuentro más que entrañable con el público español. ¡No se los pierdan! Heavenly is the heavenly option…
Fotos Heavenly + Cápsula de Sueños: Susana Godoy














