Hot Chip – One Life Stand (EMI)

Hot Chip son británicos y, sin embargo, podrían pasar por neoyorquinos. No resulta extraño que James Murphy se fijara en ellos; un tema repetitivo, machacón, urgente, vigoroso -táchese según el gusto- como “Over and Over” lo firmaría perfectamente el capo de DFA para uno de sus discos con LCD Soundsystem. Y es que Nueva York, la política de cierre de clubes del alcalde Giuliani o los desmanes de la administración Bush eran -y aún son- munición para la descarga salvaje que eclosionó en subgéneros como el dance punk, electroclash, electropop y, ejem, todo un catálogo parasitado últimamente por cierto aire de superficialidad musical. En mitad de este berenjenal, y con dos discos a sus espaldas, Hot Chip ha transformado el ritmo enfebrecido de The Warning (DFA/2006) y de Made in the Dark (EMI/2008) en la posibilidad de abrir su estilo hacia una dimensión más reflexiva, pausada y, por qué no, agridulce, sin por ello sacrificar su identidad propia.

One Life Stand es, en este sentido, un disco de contrastes. Las voces de Alexis Taylor y Joe Goddard conjugan el territorio de las emociones íntimas con el espacio de los pensamientos que se repiten insistentemente en nuestra cabeza, que cuestionan nuestra felicidad y, al mismo tiempo, la afirman como eso que todos queremos. La nostalgia que imprime a ratos la escapada sentimental se pelea a puñetazo limpio con la inmediatez del mensaje de “One Life Stand”, esto es, seguir sintiendo/seguir viviendo. Donde otros, como M80, evocan el pasado como un lugar hecho de melancolía, Hot Chip se revuelve como un esquizofrénico que no puede dejar de pensar en las bonitas sensaciones de antaño mientras repite en su cabeza -vía “We Have Love”- que aún nos importa amar.

Donde otros eligen la idea, Hot Chip apuesta por el estómago, por el movimiento constante e incesante que nos retuerce y agota. A pesar de sus eventuales fugas de lirismo -en “Brothers” y, sobre todo, “Slush”-, One Life Stand es una muestra enérgica de la compleja relación entre nosotros y nuestros sentimientos, dos universos musicales que chocan entre la placidez de un pasado envuelto en conservantes y un presente en estado de ebullición.

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