Idlewild – The Remote Part (Emi/ Parlophone)

Mucho ha llovido, sobre todo en Escocia, desde la publicación de “Self Healer”, el primer single de Idlewild. Cinco años, un mini-lp y dos lp’s después nos encontramos con una banda madura que ha evolucionado mucho desde aquellas primeras canciones, urgentes y deslavazadas, de su primer single. Su evolución se hace palpable cuando escuchamos las canciones reflexivas y rabiosas de su último trabajo: “The remote part”.

Es indudable que Idlewild ha sido un grupo que ha querido crecer y que no ha dudado en emplear todo lo que tenía a mano para conseguir el reconocimiento del público, no en vano, forman parte de una multinacional que ha publicado todos sus lp’s. Sin embargo, ahora que parece que se han acercado a este reconocimiento, asistimos a la vieja y aburrida historia de siempre: ya sabéis, el grupo pequeño, pero magnífico, que se vende para vender más discos, perdiendo todo su atractivo.

La historia sería cierta si no fuera por lo siguiente: “The remote part”, su disco más accesible, más cercano, más comercial y más denostado por el underground más militante, es en el que encontramos el mejor sonido, la mejor interpretación y, ¡oh, sorpresa!, las mejores canciones de su carrera.

Porque si bien el disco comienza mal, (“You Held the World in Your Arms” es una canción sobreproducida, empalagosa y con una de las letras más estúpidas que se recuerdan), desde la segunda canción hasta que se cierra el disco asistimos a una estupenda colección de temas sensibles, desesperados y audaces con un sonido brutal, a pesar de una ligera tendencia a la sobreproducción que emborrona parte del disco.

Una recomendación: empecemos a escuchar el disco por la canción número dos.

“A modern way to letting go” es una acelerada revisión del pasado más salvaje del grupo y nunca antes sonaron tan violentos, tan intensos y tan sinceros. Si tenemos en cuenta que esta canción fue la elegida como primer single en USA, podemos entender que ahora se encuentren embarcados en una extensa gira por aquel país. Continuamos con “I never wanted”, una canción reposada, con una inquietante letra y con un estribillo embriagador. Podríamos decir que nos encontramos con la madurez cara a cara o en el vertiginoso límite del peor de los pastiches rockeros. Después tenemos “(I Am) What I Am Not” que es el prototipo de canción Idlewild de toda la vida: estrofa calmada y un estribillo que te estalla entre las manos y te deja knockout. Después llegamos a “Live in a Hiding Place”, que nos devuelve a la tierra con sus guitarras acústicas sublimes, potenciadas por el piano de los estribillos, y la sensibilidad de la letra de Roddy Woomble, que, además, canta de una manera admirable, sentida y creíble.

“American English” es, sin duda, la canción más comercial y accesible del disco y es la que quizá les convierta en lo que quieren ser desde siempre: un grupo que llena estadios. A pesar de esto, (¡oh, contradicción irresoluble!), es una gran canción con un estribillo, otra vez, arrebatador y definitivo: “Sing a song about myself / Keep singing a song about myself / Not some invisible world”, que parece una contestación a aquel otro gran estribillo de “A film for the future”, canción incluida en su primer lp.

Continuamos escuchando: “Out of Routine”, “Century After Century”, “Tell Me Ten Words” y “Stay the Same” mantienen el nivel del álbum, aunque no son tan geniales como las precedentes. En todos los discos de Idlewild encontramos canciones menos acertadas que los rebajan a buenos discos y los alejan de ser discos esenciales. En este álbum las canciones menos redondas, las cuatro citadas, son mucho mejores que las “canciones de relleno” de los dos álbumes anteriores. Con lo que tenemos que tanto en cantidad como en calidad estamos ante su mejor disco.

El lp finaliza brillantemente con “In Remote Part/Scottish Fiction”, una canción dividida en dos partes: una primera acústica en la que se engarza con pericia una melodía vocal estupenda, y una segunda parte instrumental que pone un digno colofón a este trabajo con la sabiduría que dan los años y la contención que se atesora una vez se abandonan los excesos juveniles.

Primera conclusión: nos encontramos ante el mejor disco de Idlewild, que es mucho. Segunda conclusión: quizá nunca sean el gran grupo que apuntaban en un principio, que también es mucho. Tercera conclusión: es obvio que si quieren hacerse grandes y llenar estadios, nos alegraremos de que lo hagan por el mejor de los caminos: el de componer canciones inolvidables. Cuarta conclusión: parece que ése es el camino elegido.

Para acabar, te recomendamos que escuches “The remote part” con atención, porque no te va a defraudar en absoluto.

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