A Jalen Ndonga, cuando era chinorri en Maryland, su abuela le regaló lo que él llamó un “shitload of Motown and Stax 45s” (un montonazo de singles de los dos sellos de soul más famosos, vamos). Eso causó en él una especie debig bang, una epifanía que despertó al melómano empedernido que llevaba dentro. Ya no hubo marcha atrás: tenía que saberlo todo sobre aquella música y seguir comprando los discos que le enseñaran de dónde venía todo aquello.
Así lo hizo. Y no sólo eso: como en Maryland no encontraba a gente que como él anduviera loca por todo aquello, se plantó, con 19 añitos, nada menos que en Liverpool. Allí le esperaba el LIPA (Liverpool Institute for Performing Arts), la prestigiosa escuela de artes escénicas que fundó Paul McCartney. Allí hizo amigos para toda la vida (como uno de las grandes revelaciones de este 2026: MT Jones), aprendió los caminos de la fuerza del soul y, sobre todo, encontró una escena de clubes y músicos que estaban enamorados igual que él de toda esa música añeja.
Allí encajó perfectamente. El proceso fue natural: su autenticidad y estupendas canciones le abrieron las puertas, primero, de los clubes de Liverpool; después, le sirvieron para que le llamaran artistas legendarios como Martha Reeves o Laura Mvula para abrir en sus conciertos; y por último, el boca a boca que generó su talento hizo que, paradójicamente, un sello americano, Daptone, el más importante del mundo en términos de retro-soul, le fichara. Y ahí fue cuando la cosa explotó de verdad.
Su disco Come Around And Love Me aparecía en 2023 para dejar boquiabierto a cualquier aficionado al soul que pisara la tierra. Un disco que lo tenía todo: la sensibilidad vocal de Marvin Gaye, el groove insuperable de Curtis Mayfield, la suntuosidad del sonido Philadelphia, o el gancho pop de las producciones de Holland-Dozier-Holland, todo ello servido con una personalidad y sobre todo, unas canciones, que no dejan resquicio a ninguna duda: había llegado el mesías.
Normal, por tanto, que nuestro protagonista se haya tomado tres años en completar la continuación de semejante bomba discográfica. Un trabajo esperado y que ha venido salpicado por lanzamientos previos en formato single, pero eso no le convierte en una mera recopilación. Doctrine Of Love es un álbum, de hecho, en su mayoría compuesto de material inédito, aunque algunas de sus canciones (la titular o “I can’t never leave you”) ya habían sido anticipadas en redes y una o dos más (la inicial, “Anyone in love”), editadas en single de vinilo para venta exclusiva en conciertos.
Pero el grueso es nuevo, o desconocido. Y, en conjunto, ofrece continuidad con respecto al debut -no en vano siguen a los mandos Vincent Chiarito y Michael Buckley-, pero también una clara evolución: lo que antes era pura energía juvenil se ha tornado en reflexión vital, en un romanticismo que reivindica por momentos, en cierto modo, aquél “quiet storm” que se puso de moda en las emisoras estadounidenses merced a discos como aquél de Smokie Robinson que lo titulaba.
De hecho, la apertura es puramente eso: “Anyone in love” es perfectamente una canción que podría haber estado en aquella tormenta tranquila de Smokey. Aunque Jalen es un zorro: su lado DJ no va a dejar que el ritmo narrativo del disco se nutra sólo de eso. LLega así “Doctrine of love”, una pieza uptempo con un gancho que incluso la emparenta con el pop sixties de The Beatles (lo de Liverpool no cayó en saco roto) y “Mr train conductor” es puro Motown de la era Norman Whitfield. Un sonido majestuoso, sofisticado y no tan añejo como atemporal, al servicio de unas canciones que, una tras otra, le dejan a uno esa sensación pletórica que sólo el mejor soul puede transmitir.
Y la cosa no acaba ahí: “Burning temptation” es otro single inapelable, “Love is gone” puro deep soul, “Hannah what’s the matter” emotividad hecha para bailar northern soul; y qué decir del final con algo tan rotundo como “Taken out of the picture”, puro romance con denominación de origen de Philadelphia para cerrar un trabajo que, como no podía ser de otra manera, confirma a su autor como la punta de lanza de eso que se ha denominado retro-soul y que, junto a él, cuenta ahora mismo con una caterva de representantes (Thee Sacred Souls, Leon Bridges, Durand Jones and the Indications, Pale Jay…) que se cuentan entre lo mejor que cualquier melómano pudiera desear, incluso en sus sueños más húmedos. Pura alquimia negra que en discos como éste de Jalen Ngonda, roza lo sublime.















