La importancia de James Blake en los últimos tiempos parece que no tiene discusión habida cuenta de la ubicuidad de su figura en producciones para Beyoncé, Rosalía, Kendrick Lamar, Travis Scott y una larga lista. El que fuera uno de los máximos baluartes del post-dubstep (muchos vieron en él un nuevo Burial) se fue posicionando en el mercado, y ahora es uno de los soulman más atrayentes del mercado.
Los últimos pasos de Blake es gestionar su propia música llegando a acabar muy harto de las manipulaciones de las grandes disqueras, y con Good Boy Records arranca una aventura de autogestión, además de estar metido en negocios como Vault (plataforma en la que previo pago puede subir la música que quiera imponiendo sus tiempos); Bside (gestión de entradas para sus conciertos); y Indify (marca para ponerse en contacto con activos empresariales, marketing y colaboradores).
Trying Times (Good Boy Records, 2026) -el título- hace referencia a una voz inglesa que vendría a significar “tiempos difíciles”, y es que el alma sensible del londinense no es ajena a este endiablado siglo XXI; y el matiz del título también hace referencia a “intentar cambiar las cosas”. Son malos tiempos para la lírica, pero este es un disco de gran belleza, y tal y como está el patio es recomendable acercarse a estas composiciones para redimirse de tanta miseria.
Un trabajo que no varía sustancialmente la hoja de ruta del autor de “Limit to Your Love”: la voz de nuestro protagonista siempre en primer término, sintetizadores la mayoría de las veces ofreciendo notas voluptuosas, programación de arreglos de cuerda que entronca con los paisajes más sinuosos de Marvin Gaye o Luther Vandross, y experimentos (no excesivamente arriesgados, valga decir) de electrónica.
Si en la inicial “Walk Out Times” los sintetizadores parece que nos lleven a Twin Peaks, la melodía discurre por el dubstep conducida por la irresistible voz de Blake, que a lo largo de todo el recorrido del álbum la podemos escuchar modulada algunas veces, mientras en otras mantiene su timbre tan orgánico;, y en “Death of Love” hay un sample modificado de la voz de Leonard Cohen y una melodía que coquetea con el gospel aunque se aferra a un R&B de tonalidades sintéticas.
La estética doo woop funciona a la perfección en la bellísima “I Had A Dream She Took My Hand”, Monica Martin pone voces en la soulsera “Didn’t Come To Argue”, y el rapero británico Dave pone su granito de arena en “Doesn’t Just Happen” con referencia al día a día del ghetto, a Toni Soprano y a los Cartier, al dinero negro y a los Mercedes-Benz. El fuerte de James Blake no fueron las letras, eso nos quedó claro desde un primer momento.
En definitiva, un buen disco de uno de esos autores que a estas alturas tampoco esperamos que vaya a hacer virajes demasiado arriesgados.


















