Jonny Greenwood – Bodysong (Capitol)

Siempre he pensado que la música de Radiohead es como una isla, o como escuchar un trozo del futuro en mitad del presente. Los miembros de esta banda, entre los que se encuentra Jonny Greenwood, se mueven a una velocidad que el resto del mundo no acaba de asimilar. Aún así han encontrado su propio espacio, su fórmula secreta para mostrar al mundo lo que sus mentes imaginan, o lo que sería lo mismo, llenar la isla o, en su defecto, conocer el futuro.

Jonny Greenwood es el guitarrista desinhibido de Radiohead, el hombre orquesta de manos infinitas capaz de tocar, absolutamente, todo. Su primer proyecto en solitario ha sido la banda sonora de la película Bodysong del británico Simon Pummel. Se trata de un magnífico documental creado a partir de imágenes de filmotecas de todo el mundo. Jonny Greenwood ha concebido palabras en forma de música, para acompañar las imágenes de este experimento sobre el devenir del hombre en su camino por la vida.

Una banda sonora cargada de sonidos magnéticos recreados a partir de todo tipo de instrumentos, pero sobre todo, con maquinitas de esas que, probablemente, ni siquiera tengan nombre. Jonny Greenwood destroza conscientemente la estructura clásica de las canciones, cada tema de esta banda sonora, por su riqueza y variedad, podría ser un disco. El álbum, que es una exquisita sucesión de piezas entrelazadas, se abre con “Moontrills”, una de las canciones que, quizá, más recuerda al sonido propio de Radiohead. A destacar, la saturación mental que provoca la escucha repetitiva del corte número seis del disco, “Convergence”, una canción de ritmo endiablado, en la que cientos de percusiones independientes se auto-aceleran y acaban uniéndose en una especie de éxtasis de latidos militares.

“Spitter” y “Milky Drops From Heaven” son dos temas que bien podrían incluirse en cualquier disco de jazz experimental. La pieza final, “Tehellet”, comienza con el sonido de un chelo, va acrecentando su dramatismo hasta que de repente se acaba la canción y se acaba el disco y, quizá, vuelvas a ponerlo o, quizá, lo destierres en el armario de experimentos y rarezas, porque con Jonny Greenwood no hay un término medio.

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