Kenny Larkin – Kenny Larkin (PeaceFrog)

Perteneciente a la segunda generación de músicos salidos de Detroit, Kenny Larkin (DJ y productor), acaba de publicar su tercer álbum: The Narcissist (PeaceFrog, 2004), como siempre en solitario.

Hace ya unos cuantos veranos que Larkin lleva produciendo música. Allá por 1990, cuando Larkin aun era simplemente un inquieto joven de Detroit que circulaba de club en club, se topó con otro adolescente tan curioso como él y recién llegado a Windsord (una pequeña ciudad tocando a Detroit en el lado canadiense), Richie Hawtin. Por aquel entonces, Hawtin ya pinchaba en el Shelter (unos de los clubes importantes de la noche detroitiana de la época) bajo el alias DJ Richie Rich, y Larkin era uno de los incondicionales. De discoteca en discoteca, Hawtin y Larkin, solían llevar siempre las mismas cintas en el coche, pero lo que primaba eran copias piratas de algún mix de Derrick May de la época dorada del Music Institute (probablemente la única discoteca que jamás haya tenido a Derrick May, Kevin Saunderson y Juan Atkins -el colectivo Deep Space– de residentes). Poco más tarde formaron un grupo, State of Mind y en vista del poco caso que les hacían las vacas sagradas de Metroplex (el sello de Atkins) y Transmat (el sello de May) empezaron a publicar por su cuenta en su propio sello, “+8”, junto al DJ John Acquaviva. Cuando Hawtin empezó a hacer sus primeras giras (junto a Dan Bell y Jochem Paap –Speedy J-) en el Reino Unido, Larkin se alejó del colectivo. Después de publicar como Dark Comedy en Transmat, en 1994 publicó su primer LP en solitario (Azimuth, 1994) a través del visionario sello de Sheffield warp (que anteriormente también había publicado un trabajo de Hawtin con el nombre de FUSE, Dimension Intrusion, 1993), un año más tarde, en 1995, publica otro trabajo en el sello belga R&S (Metaphor, 1995). Cabe añadir, a modo de cierre de esta introducción, que en los dos trabajos arriba citados, Kenny Larkin, siempre aparecía fotografiado en la portada, en el caso de Azimuth siendo además la primera vez que esto ocurría con un disco de techno en USA -y también para warp- (aunque en USA ya lo habían hecho Inner City, ellos tiraban hacia el lado más pop).

La portada rompió con aquel dogma del techno que postulaba que aparecer en la portada de un disco era como adoptar la vieja y rancia imagen de estrella del rock y venderse a los medios de masas (hay que reconocer que se trataba de una idea algo inocente, aunque también el techno era joven, y debía ser iconoclasta). Enlazando con lo anteriormente mencionado, concluimos que lo de aparecer en las portadas ya le viene de lejos y que, siendo algo tendenciosos, lo del título del disco no es porque sí.

En The Narcissist, nada más escuchar los primeros temas ya vemos que no se trata de un disco enfocado a las pistas de baile (al menos las más ortodoxas), más bien todo lo contrario, la cadencia de la mayoría de temas es pausada y reflexiva. No hay más que escuchar “My reflection” para concluir que Larkin parece tomar la misma dirección que tomó Carl Craig al publicar su trabajo como Innerzone Orchestra. Escuchamos sonoridades más orgánicas (baterías reales y algún contrabajo), que parecen sonar más a una banda de bop sideral que a un hombre delante de un sintetizador y un Protools. Otros temas, no obstante (se trata más bien de un disco heterogéneo), siguen en la misma línea que Azimuth, el ya clásico (pero no aburrido) sonido a medio camino entre Sheffield y Detroit (space sigue siendo the place), detallista y dinámico, cubierto de complejas programaciones y luminosas líneas melódicas, ahí están “In the Meantime”, “A Part of me” o ”Fortune Teller”. Un disco muy agradable que empieza a descubrirnos un nuevo Larkin, menos agresivo que antes (no hay más que escuchar sus viejos temas en Metaphor -“Catatonic” o los salvajes “Loop 1 & 2”- para apreciarlo), y más versátil que en Azimuth. Esta parece ser la tendencia de la mayoría de artistas de Detroit, tonalidades aurorales y sonidos menos sintéticos, que dejan intuir un nuevo amanecer para la tranquila y constante revolución de la “motor city” (merci Detroit -sic-).

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