La Buena Vida – Sala Galileo Galilei (Madrid)

Cuenta la leyenda que, sirviendo de inmejorable compañía, contexto y situación, la lluvia acompaña cada recital de La Buena Vida. Y uno, poco precavido, escéptico meteorológico y desconocedor del imaginario popular, tuvo que darse una buena carrera Argüelles arriba para salvarse de una ducha fría antes de entrar a la sala Galileo Galilei. Aunque contaba también otra leyenda que los Conciertos únicos, dentro de los cuales se incluye este de LBV, nacían con una vocación tan renovadora como atrevida: “Se pretende que los conciertos sean distintos a los que suelen ofrecer los grupos que participan, únicos e irrepetibles, incluyendo versiones, artistas invitados, canciones de los primeros discos…”, según reza el panfleto informativo. Pues fíjense que LBV no hicieron ni lo uno, ni lo otro, ni lo de más allá. Aunque si los puntos suspensivos invitan a más propuestas, convendría precisar que los donostiarras presentaron hasta ocho temas nuevos en Madrid. Y quizás cuando se refieren a “artistas invitados” apelan a que Christina Rosenvinge y Ray Loriga acudieron al concierto. En fin, leyendas…
Eso sí, tenemos que alegrarnos, y mucho, de que aparezcan propuestas como esta en la “tocada” escena musical madrileña (y española). Que la media docena de Conciertos únicos (hasta ahora) se desarrollen a lo largo de seis meses en vez de en un par de semanas y que la elección de artistas haya cojeado levemente (los tibios espectáculos de Sexy Sadie ya no transmiten, los de La habitación roja no sé si transmitieron en alguna ocasión) se puede disculpar por motivos de planes y agendas. Quizás el próximo año tengamos más suerte y veamos a Nacho Vegas, Chucho, Mercromina, Los Planetas y Schwarz en un lugar tan placentero como la sala GG.

LBV se mostraron encantados de tocar allí, ante un aforo lleno al que acudieron amigos y familiares del grupo. El sonido les hizo justicia y llegaron a crear una atmósfera realmente especial durante la hora y media de concierto, con los puntos álgidos de “¿Qué nos va a pasar?”, “Verano” y “Un actor mexicano”, una nueva composición que fue de lo más bonito de la velada. Siempre con la sensación de que todo se puede romper en cualquier instante, casi rozando el sonrojo, sonrojándonos también (traspiés en “Qué Vida”: “La vida es tan compleja, perdemos la cabeza y luego ponte a pensar el porqué. El máster en empresa, huir a la francesa…”), todo perdonable. Ella, Irantzu, lo mejor de la noche. Sus manos caídas, su pálida figura y su equilibrada voz (que en concierto va mucho más lejos que lo que se escucha en sus discos) para absorbernos en cada uno de sus tímidos pasitos sobre el escenario, como una virgen inmaculada. Y es que por mucho que les guste, Galileo Galilei (donde repiten al día siguiente) se queda a medias a la hora de recoger la fragilidad de sus composiciones. La Catedral de León les pondría yo…

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