Pese a ocupar un lugar casi canónico en la historia del rock alternativo, resulta paradójico que una banda como My Bloody Valentine y una figura tan influyente como Kevin Shields sigan siendo, en muchos aspectos, grandes desconocidos. Su prestigio crítico y la inmensa sombra proyectada en generaciones de músicos, contrastan con el escaso conocimiento que existe sobre su trayectoria real, frecuentemente eclipsada por un cúmulo de relatos mitificados y mucha (demasiada) leyenda.
La editorial granadina Ondas del Espacio vuelve a apuntarse un tanto al editar el excelente Convierte mi cabeza en sonido: Una historia de Kevin Shields y My Bloody Valentine de Andrew Perer, obra que a través de sus capítulos, además de diversos y jugosos interludios, se aleja de la biografía al uso y nos muestra el retrato de un hombre obsesionado con el sonido, apoyado en un buen número de datos y testimonios (Marc Marot, Simon Reynolds, Alan McGee…) que desmontan buena parte de la mitología que se le atribuye.
El libro sigue a Shields desde su infancia neoyorquina y el desarraigo provocado por su mudanza a Dublín, donde se sitúa el nacimiento de su peculiar sensibilidad sonora. Asistiremos a sus primeros pasos hasta la formación de My Bloody Valentine y a la génesis de sus tres discos —Isn’t Anything (1988), Loveless (1991) y m b v (2013)—, todo ello narrado desde una perspectiva colectiva, otorgando la importancia y el peso merecidos a figuras como su amigo de la infancia Colm Ó Cíosóig; destacando el papel fundamental de la guitarrista y coautora de buena parte de las letras Bilinda Butcher, así como sus remezclas y colaboraciones menos conocidas con Patti Smith, Primal Scream o el compositor Brian Reitzell, con quien trabajó en la banda sonora de Lost in Translation, una colaboración que resultó, a todas luces, capital para la reactivación de su carrera.
Como digo, Convierte mi cabeza en sonido desmonta buena parte de la mitología acumulada; entre otras cosas, la exagerada historia de que la grabación de Loveless llevó al sello Creation al borde de la ruina. Hay dos interludios especialmente interesantes: uno en el que se aborda la genealogía del shoegaze como género, deteniéndose con detalle en la ingeniería de sonido que hizo posible el timbre inconfundible de la banda, en los procesos de grabación, en las texturas de guitarra construidas a base de trémolo y capas y en la relación de Shields con el tiempo irregular, esa arritmia deliberada que convierte canciones como «Only Shallow» o «Soon» en experiencias casi físicas. Todo ello los aleja bastante de muchas de las formaciones del movimiento, que se limitaban a utilizar pedales de fuzz. Y otro sobre la hipnagogia (ese estado entre la vigilia y el sueño) que ilumina el territorio mental desde el que Shields buscaba intencionadamente concebir buena parte de su música.
Un volumen imprescindible que examina con objetividad y de modo didáctico la trayectoria completa del grupo, devolviéndonos el asombro por unas canciones que siguen sonando, tanto tiempo después, como si vinieran de otro planeta.
Puedes comprar el libro Convierte mi cabeza en sonido: Una historia de Kevin Shields y My Bloody Valentine de Andrew Perer (Ondas del Espacio) en la web de su editorial.

















