“En los auriculares , el vibráfono advertía de un cambio de ritmo y las vecinas parecían saber la coda y desafiarla, proponiendo una polimetría inesperada. Es uno de los momentos sonoros más bonitos que he vivido, caóticamente perfecto. Una posible explicación para el niño que quería igualar todo: la mejor forma de ser en el mundo no es con miedo al error y cerrado en la simetría de uno mismo, sino abierto, permeable y humilde ante el infinito de aquello que es posible”.
Este fragmento de Nou Elogis de l’Imparell (H&O, 2025) -editado en catalán- sería una vibración que recorre todo el pathos artístico de uno de los activos más importantes de la escena underground catalana -y por extensión peninsular- que es la figura de Edi Pou. Con una mente siempre en constante ebullición, el ritmo parece que esté metido en su cuerpo. Las veces que he podido verle en directo junto a Za!, los Sara Fontán u otras colaboraciones, es como si su cuerpo fuera poseído por un extraño exorcismo. En el escenario su forma de interactuar con el público -siempre manteniendo una posición nada jerárquica- es una mezcla de espasmo febril y de juego combinatorio en donde el público deja de ser un agente pasivo, a ejercer un rol que es parte consustancial para encajar todo ese caudal de sonido.
Sobre los sonidos versa este pequeño ensayo tan revelador como excitante. Después de hacer un estudio sobre lo que más se escucha en las plataforma digitales, Pou llegó a la conclusión de que el ritmo binario es el que prevalece por encima de todos. Eso significa que el ritmo es un arma política que sirve para normativizar el qué y el cómo escuchamos. El ritmo es política, efectivamente.
Estas páginas podrían ejercer como manifiesto para intervenir el sonido, para indagar más allá de aquellos ritmos 4×4 que homogeneizan la cultura mainstream. Partiendo de la base de que el gusto mayoritario “no se ha gestado de manera natural y espontánea, sino que responde a dinámicas de poder y a condiciones materiales del sistema en el que vivimos” el autor hace un sucinto análisis de los diferentes compases y ritmos que estamos más o menos familiarizados, dependiendo de si estos sonidos provienen de una cultura u otra. Si como dice el autor, escuchamos las canciones más escuchadas en Spotify en diferentes países, uno lleva a la conclusión de que el binarismo es reemplazado por compases mucho más elaborados y tienen un potencial público que corea y baila esas canciones.
La poca familiarización con todo aquello que se desplaza del compás binario se debe a diferentes aspectos: desde el constructo socio-económico, pasando por la asimilación de músicas de otras latitudes que han sido (re)modeladas según el gusto occidental (norteamericano en especial), la falta de curiosidad por parte oyente que hace que -en un alarde de inmovilismo- no se deje llevar por la curiosidad, hasta la cooptación del tiempo y de los estímulos por parte del random que imposibilita que una canción que pase de los dos minutos y medio sea desechada por el cliente, algo que facilita, de paso, la faena a las grandes multinacionales para promocionar la estandarización como un valor a ad hoc.
Pou cita a la compositora de música concreta Pauline Oliveros para afirmar que, como ella desarrolló con sus deep listenings, haría falta que el oyente se proponga una escucha activa y sin prejuicios, e igual de esta manera seremos capaces de identificar nuevos patrones rítmicos y sorprendernos más a menudo.
Puedes comprar el libro Nou Elogis de l’Imparell de Edi Pou (H&O) en la web de su editorial





















