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Lorena Álvarez (Teatro Lara) Madrid 08/10/19

Lo divino, lo terrenal, lo animal y lo humano fue convocado y materializado por Lorena Álvarez en la presentación de Colección de Canciones Sencillas, todo sucedió en el madrileño Teatro Lara (SON Estrella Galicia), en un directo inolvidable que empezó la noche del pasado martes y finalizó en la madrugada del miércoles.

Así es su cancionero, también sencillo… Aunque no tanto. Todo lo que crea lleva su sello, su marca personal, pero también un trocito de su alma y su personalidad. Esa manera artesanal de cuidar todo, hasta el detalle, hecho con mimo, con esmero, la traslada desde la creación del disco a la elaboración del escenario, hecho con descartes de la impresión de sus canciones que, valiéndose de la papiroflexia y un sutil juego de luces, parecía cobrar vida por momentos. Hasta un disfrazado caballo bailó y caminó por ambos lados del escenario, entrándole hambre y un extraño baile en algún momento… hubo que apartarlo de las hojas que conformaban el bello telón de fondo. Todo desprendió una suerte de fantasía durante el concierto.

Como una original trovadora del s.XXI, Lorena Álvarez nos relata amores imposibles en tiempos convulsos desde el “Romance de la huida”, también claves familiares en “Los eclipses”, donde la fuente de inspiración es su abuela. La incertidumbre y la inseguridad afloran en “Aborrezco lo que adoro” o “Debajo de este olivo”. Y vuelve la belleza del recuerdo infantil proclamada de emoción desde “La huerta de mi padre”.

Toda la obra de Lorena está  impregnada de ternura y cariño, a excepción de las canciones de amor donde el sarcasmo y la ironía, así como la indiferencia, son las bases, tal es el caso de “Novias” y “Si tú eres mi hombre”.

Sobre el escenario, todas las virtudes del repertorio de Lorena se multiplican, sus canciones más sentimentales te conmueven hasta el punto de la lágrima, y las más rítmicas se pueden convertir en algo punk como “El bosque tenebroso de mi mente”, sin olvidar el baile para los arreglos de “Envidia” y “Persona”, entre la cumbia y la  mejor charanga, incluso hubo momento para la humorada al introducir el fraseo del conocido reggaetón de “Gasolina” en “Manolo”.

El caso de Lorena Álvarez es único, de alguna manera retoma el folclor con la misma intensidad y fortuna que guió a Joaquín Díaz, Radio Tarifa o Eliseo Parra, tal vez éste último sea el precedente más indicado de Lorena, añadiendo el toque más lúcido e irónico que Vainica Doble siempre aportó al usar sonidos más enraizados para aquilatar sus indomables textos.

Y si debemos buscar una palabra para definir su actual banda y a la propia Lorena, esa es desbordante. Además de contar con el apoyo de secciones de voces y metales entrantes y salientes, a lo largo de todo el espectáculo, sus músicos expresaron con fortuna todo lo descrito, esa mezcla de folclor, cierta electricidad y electrónica llegaron a crear atmósferas únicas, tal es el caso de la intersección de su teclista y la eléctrica de caja, o los arreglos proyectados desde la ocasional arpa de mano de Lorena, la tuba, o desde una caja de fuelles parecida a la que usa el armonio, pero que en realidad era una caja hindú, o al menos el soporte de fondo que emitía era similar. Llegado el caso, se lo preguntaremos.

Ya en la recta final, qué rápido se pasó el tiempo a pesar del excesivo retraso al iniciarse el concierto, Álvarez salió vestida con su traje de guerra: el mono rosa de corazón en la tripa. Todo en ella es naturalidad, desparpajo y aguas suaves o profundas, depende. Su música nos despierta y nos conecta con nuestra parte más humana, más viva y terrenal. Así llegó el momento de máxima comunión entre ella y su entregado público: “Soy un olmo”, todos en pie para dejarse llevar por la bulla y la jarana. Ella, tan preocupada todo el tiempo por si estábamos a gusto, obtuvo su más clara respuesta en las voces que coreaban “No me pidas peras, no me pidas peras, no me pidas peras…”.

De hecho, nadie se quería ir, así que después de dos bises no le quedó más remedio que acunarnos con “Nana mapamundi”, cierre de Colección de Canciones Sencillas y de concierto, que nos sirvió de guía para soñar con lugares en los que nunca hemos estado o con tener alas o escamas y ser un animal fiero, sin olvidar que en cualquier caso formamos parte de un mundo muy pequeño, del que somos una ínfima parte y que todo lo que nos rodea, cielo, mar, amigos… es lo que nos hace grandes.

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