Mark Knopfler

Mark Knopfler – Down the Road Wherever (Virgin)

A estas alturas del film, con 69 años y con el monárquico status que alcanzó en el pasado, el legendario guitarrista escocés Mark Knopfler permite entrever que no le preocupan ya las listas de éxito, si no que hace ya más de cuatro lustros que publica lo que le place al 100%, sea más perfecto o menos cuidado el material expuesto. Esta marcada auto-complacencia acontece, nuevamente, con su noveno disco en solitario, Down the Road Wherever (“Por la carretera, donde sea”), aunque dentro un instante intentaremos comprobar con que resultado, esta vez.

Para comprender mejor este viaje sonoro actual, tal vez, se han de rememorar los picos más elevados de su carrera él solo, como son los primeros álbumes Golden Heart (1996) y Sailing to Philadelphia (2000), ya que a partir de ahí una suave cuesta abajo de la genialidad creativa del músico británico en estudio, prácticamente, no se había detenido hasta ahora y con palpables muestras de dicho descenso como The Ragpicker’s Dream (2002), Kill to Get Crimson (2007), Get Lucky (2009), etc ,etc.

Sin embargo, en esta su novedosa e introspectiva obra de 2018, (sedosamente auto-producida, por cierto), parece que se producen relativos signos de restablecimiento del insigne motor de Mark, el cual factura, tal vez, su obra más prominente en casi 20 años. Eso sí, ya muy lejanos quedan sus etéreos e impactantes tiempos con Dire Straits y aquellos históricos álbumes de entre 1978 y 1991, los cuales y bajo mi prisma personal, absolutamente ninguno tiene desperdicio (sobre todo el homónimo debut y también Communiqué). Su ex- banda resulta un refulgente punto del asfaltado camino, del cual Knopfler se ha ido despidiendo y liberando cada vez más y más, con toda la intención por su parte. Apuntar que en Muzikalia podéis consultar varios artículos anteriores sobre los propios Straits.

Dirijámonos ya hacia el repertorio actual, el cual se presenta ligeramente irregular aunque las delicatessen servidas también son abundantes y por supuesto, durante todo el LP, que ningún ser vivo dude de la histórica capacidad del “master mind” de Glasgow acerca de continuar emitiendo embriagadoras sensaciones cuando rasguea la guitarra con su dedo pulgar. Durante todo este trabajo discográfico también le acompañaron sus habituales Guy Fletcher (teclados) o Danny Cummings (percusión), entre otro/as capacitados/as ayudantes.

La sociológica y añeja obra se pone en marcha, de manera sublime, con un cálido y melodioso rock como es “Trapper Man” en ese estilo, tan del “tío Markie”, para narrar entrañables crónicas humanas con su voz grave y bonachona. Para el intrigante pero impecable serpenteo bluesy de “Back on the dance floor”, el intérprete británico cuenta con la colaboración de lujo de Imelda May, como segunda voz. Prosiguen los aciertos con la aterciopelada “Nobody’s child”, protagonizada por un solitario niño americano, quizás de segunda mitad del siglo XIX o principios del XX, el cual caerá en la mala vida al provenir de una familia desintegrada. Igualmente oportuno y grato es el ritmo entrecortado, deudor éste de pretéritos bluesmen, en “Just a boy away from home”, la cual parece tratar sobre un aficionado al Liverpool Fútbol Club que se halla desorientado en la norteña ciudad de Newcastle.

Los singulares acordes guitarreros que le han hecho célebre y que nunca le fallan, siguen muy presentes en este citado primer tramo del LP. Después, se mantienen la serie de atractivos con “When you leave”, donde la melancólica trompeta jazzy de Tom Walsh impregna y contagia toda la pieza aunque, por contra y acerca de este género, en el caso particular de Knopfler no le queda del todo bien el ser redundante en este mismo terreno jazzero, como con la tediosa “Slow learner”, la cual irrumpe más adelante aunque, de todos modos, se debe loar esta personal vena exploratoria del artista en cuestión.

“Good on you son” se alza también como el ameno e imperial single, con una sonoridad muy prototípica del gran Mark. Por contra, la algo insípida balada “My bacon roll” comienza ya a hacer bajar, muy levemente, el nivel general del disco. El mismo se recupera, ágilmente y por el momento, con un pegadizo funky, el cual posee el filtro particular del propio M.K., titulado “Nobody does that” , ayudando también a la causa de la excelencia armónica una mucho mejor, más profunda y hermosa oferta de relajo como es “Floating away”, con la deliciosa Imelda May, de nuevo, respaldando el asunto vocal.

Con “Drover’s road”, “One song at a time”(donde cuenta los inicios con precisamente Dire Straits, a finales de los 70) o la folkie “Machtstick man” (acerca de un joven músico haciendo autostop en Navidad), a nuestro protagonista le torna a atrapar la fiebre irlandesa pero, esta vez, de manera menos resplandeciente, ya que con la imperecedera “Darling Pretty” (1996), por ejemplo, ya había demostrado sobradamente Mark que dominaba las incursiones sónicas en el País de la Tierra Esmeralda y que no era necesario insistir tanto en dicha vía “irish”. La pueril pachanga casi hawaiana de “Heavy Up” o la bastante inocua “Every heart in the room” (aunque en esta segunda las dulzonas y nostálgicas notas de las seis cuerdas poseen, quizás, ecos del inolvidable George Harrison) tampoco invitan a extender mucho más las frases este artículo, aunque los hábiles y más compensados contoneos latinos de “Rear view mirror”, consiguen mantener una nota de 8 a favor del álbum, opino yo.

Vamos concluyendo esta objetiva analítica. Da la sensación que un consagrado coloso del rock and roll como Mark, ha extraviado la preciosa oportunidad de apuntalar, con Down the Road Wherever, un álbum aún mucho más redondo con 10 – 12 temas y no arribar hasta los 16 (*CD en edición de lujo), con los consiguientes rellenos comentados. Los propios Dire Straits facturaban álbumes que siempre ofrecían un sabor mucho más cohesionado en su totalidad y no se resentían con abanicos más dispersos, como tiende y acontece en gran parte de la trayectoria por su cuenta de Knopfler. Definitivamente, la duración de este reciente lanzamiento resulta algo excesiva (78 minutos) y sin embargo, al menos Mark Knopfler ha logrado mantener más que digna la esencia y el sello de su singular sonido, el cual tiene y retiene la clase, sapiencia, magia y sosiego de una carretera solitaria.

Escucha Mark Knopfler – Down the Road Wherever

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