Hasta cierto punto uno tiene la sensación de que ya sabemos todo de la autora de Horses. En cierta medida es así, ya que su vida la ha ido desbrozando a través de libros como Tejiendo Sueños (2024), El Año del Mono (2020) o El Libro de los Días (2025). Todas estas obras narran sus experiencias con el duelo, la soledad, la intrincada relación poética entre la vigilia y el sueño, así como los juegos constantes con los puntos de vista. Además, sobre la artista de Chicago existen miles de artículos en donde se da buena cuenta de su trayectoria tanto personal como artística, y un libro como el que nos ocupa pudiera tener escaso interés visto desde la distancia.
Pan de Ángeles. Memorias (Lumen, 2025; traducción de Ana Mata Buil) es un relato en donde Patti Smith recrea toda su vida hasta la actualidad, y aunque pudiera ser un ejercicio memorístico titánico, ella va revelando algunos de estos aspectos de su vida que quiere resaltar, e intuyo que no quiere meter el dedo en la llaga en otros asuntos, como por ejemplo la misoginia en el rock, algo que a bien seguro habrá padecido siendo una mujer en un ecosistema dominado por el varón.
De forma proustiana arranca el libro en sus primeras páginas. Recuerda su infancia dickensiana: enfermedades, los vaivenes de sus padres -la autora siente debilidad por su padre-, su educación religiosa, o los estragos de la II Guerra Mundial -su progenitor fue herido en la contienda-. La prosa es como una letanía en la que uno siente la levedad (aparente) de unos párrafos que parecen levitar entre metáforas, por momentos, excesivamente alambicadas, y preciosas imágenes que transmiten luz y sosiego. Como es habitual en muchos de los libros autobiográficos, Patti Smith tiende a edulcorar ese pasado (el hecho de vivir en un ambiente marginal junto a sus hermanos ha tenido que dejar cicatrices a la fuerza), porque, como se ha dicho más arriba, prefiere que su vida sea leída como una canción-río al estilo de su admirado Bob Dylan, que se adentra por meandros sinuosos y no demasiado escarpados.
Sus anhelos por buscar una salida a esa realidad gris primero pasaban por escribir sin parar en diarios, que era la forma de no desear un “futuro que era cosa de adultos”. Entre escritura y juegos con su hermana Linda, va pasando su niñez y adolescencia. Un acontecimiento cambia su percepción de ver el mundo: el descubrimiento -en su primera visita junto a su madre a un museo- de Picasso y Modigliani; después llegaría la música y las letras de Dylan y la poesía de Rimbaud que, a la postre, son dos de los espejos en los que ella siempre se ha visto reflejada.
Su huida a Nueva York a la edad de 19 años, después de dar en adopción a su hijo, le abre la puerta al Arte. Allí conoce a su gran amigo Robert Mapplethorpe con el que unirá lazos sentimentales y artísticos (de él son las fotos de sus primeros discos); también su romance con Sam Shepard, y sus inicios encima de un escenario junto a Lenny Kaye.
El libro va desgranando la aparición de sus discos, y en qué estado de ánimo se iba encontrando, y siendo fiel a sí misma, ha intentado cuidar su independencia dentro de la industria del disco, tema complicado de llevar.
Otro eje principal del libro es su romance con Fred “Sonic” Smith (integrante de los MC5). Un amor pasional que vivieron al límite y en plan bohemio. Desde vivir en un barco averiado hasta pernoctar en hoteles, pasando por su boda y la crianza de sus hijos. Todo esto lo describe con un amor y respeto infinito hacia Fred, y haciendo uso de una prosa íntima, de un costumbrismo lírico delicioso. Fred fallece y todo se desmorona a su paso. Después llegaron las muertes de Allen Ginsberg (uno de sus mentores), William Burroughs, Shepard… Su resurgimiento con Gone Again (1996) se encapsula en uno surcos en donde honrar a los muertos: la canción titular y “FarewellReel” son recuerdos hacia su marido, “About a Boy” es un homenaje a Kurt Cobain, y “WildLeaves” narra su amor hacia Robert Mapplethorpe.
Hacia el final del libro, Patti Smith se entretiene con detenimiento en narrar sus experiencias y sensaciones en otros países, pero sobre todo se extiende en cierta idealización de sus creencias religiosas que, desde mi punto de vista, lleva el relato a terrenos para farragosos, entre una amalgama de recuerdos que se enquistan en su mente, pero que no acaban de fluir a nivel literario. Aún así, en conjunto es un bello canto a la vida, el amor y el arte, escrito por una de las roqueras fundamentales del punk-rock.
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